Beni, la osa más generosa

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Ilustración: Beatriz Arribas

Beni, la osa más generosa

En la montaña más bajita del centro de China vivía Beni Yung, una osa panda gordita y peluda. Beni, al igual que el resto de osos panda, comía cada día muchísimo bambú. Pero todos los domingos, como premio por haberse portado bien y haber hecho los deberes que le mandaban en la escuela, su madre le preparaba un pequeño cuenco de arroz con leche, un postre dulce y delicioso que a Beni le volvía loca.

Esta receta era el secreto mejor guardado de la familia Yung. Había pasado de madres a hijas de generación en generación y nunca ningún otro oso panda de la región había logrado descubrir la preparación del arroz con leche.

Cuando Beni cumpliera dieciocho años y fuese mayor de edad, su madre le enseñaría a preparar la tradicional receta de familia. Hasta entonces, cada domingo, Beni esperaba ansiosa en el salón mientras mamá le preparaba en la cocina su postre preferido. La casa se impregnaba a ese olor tan suculento que en cuestión de segundos abría el apetito de la pequeña osa panda.

Pasaron los años y Beni en sus ratos libres disfrutaba de la compañía de su madre entre fogones. A ambas les divertía guisar diferentes platos y si tenían el día inspirado, inventaban nuevas recetas de bambú para deleitar a los glotones de sus hermanos. Para ser sinceros, Beni tenía un don. Parecía destinada a ser una gran chef y su madre, entre truco y truco, veía orgullosa la desenvoltura de su hija en la cocina.

El día de su dieciocho cumpleaños, Beni invitó a todos sus amigos a una fiesta en el jardín de su casa. Decoró los árboles con luces de colores, dispuso una mesa para veinte comensales con servilletas, platos y cubiertos de rayas verdes y blancas, y preparó  una riquísima merienda con aperitivos elaborados por ella misma.

Los invitados fueron llegando poco a poco con regalos, tirones de oreja, besos y abrazos para Beni. Hablaron mucho, rieron más, y mientras todos disfrutaban de una tarde soleada, la mamá de Beni preparaba una olla gigante de arroz con leche. Por primera vez, sus amigos probarían el postre favorito que tantas veces había descrito. Y a partir de entonces, sería ella quien cocinase el secreto de familia.

Cuando la madre apareció en el jardín con una bandeja llena de cuencos y velas, el aroma del arroz con leche inundó el olfato de los allí presentes. Tenían tantas ganas de probarlo que cantaron el cumpleaños feliz tan rápido que a Beni no le dio tiempo a pensar su deseo. La mamá de Beni colocó un cuenco frente a cada invitado y tras unas palabras de la osa cumpleañera, hundieron todos a la vez la cuchara en el cuenco y probaron juntos tan exquisito postre.

Beni observó sus caras. En ellas se dibujaba el placer, la alegría, el gozo de saborear un plato requetebueno. ¡Hasta Li-yong, el gruñón, había cambiado su rostro de enfado por uno apacible y calmado! Fue entonces cuando supo qué deseaba. Supo que quería convertirse en una gran cocinera, como su madre y su abuela, que alimentara caras de felicidad con tan rica receta. Beni no cocinaría solo para su familia, Beni cocinaría para todo aquel que tuviera hambre, para quien quisiera un momento de goce, de paz y armonía, porque sabía que la receta de arroz con leche de la familia Yung conseguía ese efecto tan especial lleno de felicidad.  Y así, la pequeña Beni pasó de ser una hija cocinera a la cocinera de la región, pasó de ser la pequeña Beni a Beni, la osa más generosa.

¿Sabías que… 
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