La guardiana de deseos

Escrito por en Más cuentos. Lo leerás en 3 minutos.

Ilustración: Beatriz Arribas

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En el jardín de una casa crecía entre la hierba Manolita, una coccinella septempunctata muy alegre y pizpireta. Siete círculos grandes y negros decoraban el rojo caparazón de Manolita, ¡la mariquita más juguetona del lugar!

Ella disfrutaba de los rayos de sol que inundaban el césped, sonreía llena de gozo cuando entre el verdor encontraba una enorme y deliciosa miga de pan; y cuando recorría con sus diminutas patitas las flores más bonitas y coloridas del jardín, ¡Manolita se sentía la mar de feliz!

Una tarde muy calurosa de verano, aguardaba en la sombra a que cayera la noche y con ella, el frío. De repente, vio a lo lejos un charco con agua y no dudó en acercarse para poder darse un refrescante bañito.

Desplegó sus alas y se acercó volando hasta esa pequeña piscina improvisada cuando sin quererlo ¡una mano grande le agarró del caparazón!

Manolita miró hacia arriba y contempló estupefacta a un niño moreno, gracioso, pecoso y con cara traviesa mover los labios y soplar en el culete de nuestra mariquita. Fue tal el soplido que ella no tuvo más remedio que abrir sus alas y echar a volar.

¡Qué niño tan maleducado! ¡No se sopla en el culete de los demás! ¿Por qué no juega conmigo en lugar de darme en el culete? —pensó Manolita.

Triste y abatida regresó a la sombra. Pero no se dio por vencida. Estaba decidida a hacerse amiga de aquel niño, así que determinó volver a probar suerte al día siguiente.

Tarde tras tarde, Manolita iba al charco. Día tras día, el chico decía unas palabras y soplaba en su culete. Día tras día, tarde tras tarde, Manolita sin remedio y ante tales soplidos, abría sus alas y echaba a volar.

Ella no quería rendirse, pero estaba claro que el niño  no quería jugar con ella y tampoco le podía obligar. ¡No lo entendía! ¡Siempre se había llevado bien con todos los bichitos del jardín! ¿Por qué con ese chico habría de ser diferente?

Pasaron las semanas y Manolita, cabezona e insistente, seguía yendo al charco para ver a Gonzalo, así le había llamado su madre. El corazón de Manolita estaba algo triste. Ella seguía disfrutando de la vida, pero después de tantas tardes había cogido mucho cariño a Gonzalo y a sus amiguitos y nunca había conseguido que la dejaran de soplar en el culete ¡y mucho menos jugar con ellos!

Una de esas tardes, Manolita se escondió entre la zona de hierba más alta y contempló a Gonzalo mientras jugaba con sus amigos. Ese día, que parecía uno cualquiera, ¡sorprendía con una novedad! Se trataba de una niña de trenzas doradas que nunca había estado por el jardín. Quizá ella sí querría jugar con Manolita. Aún así, la mariquita precavida, decidió observar a la niña.

— ¿Qué hacemos? ¿A qué jugamos ahora?

— ¿Al escondite?

— ¡Bah! ¡No! ¿Y al pilla-pilla?

— ¡A eso ya jugamos ayer! ¿Qué tal si buscamos más mariquitas y les pedimos el deseo? ¡Tu jardín está repleto de mariquitas! ¡Las encontramos todas las tardes! ¡A lo mejor hoy es nuestro día de suerte y se nos concede!

— ¿Deseo? ¿Mariquitas? ¿Y eso, qué tiene que ver?

—María, ¡qué tonta eres! Cuando encuentras una mariquita tienes que cogerla con cuidado para no hacerla daño, pedir un deseo en bajo y soplar. Si la mariquita no vuela, tu deseo no se cumple. Pero si vuela, ¡algún día se cumplirá! ¡Nosotros pedimos uno todas las tardes! Siempre dejamos que sea Gonchu quien lo pida porque es su casa y son sus mariquitas, ¡pero luego el castillo lo compartiremos entre todos!

— ¡Shh! ¡Para qué dices nada Álvaro! ¡Se supone que es un secreto y ahora no se va a cumplir! Tendré que pensar otro…

Desde aquella preciosa tarde de verano, Manolita se deja ver por el jardín porque, aunque por tamaño no pueda jugar con esos niños,  siempre será la guardiana de todos y cada uno de sus deseos. Desde entonces, no hay nada que le haga más feliz que abrir sus alas y volar.

 

¿Sabías que…
Las mariquitas ayudan a proteger las cosechas de los agricultores. Hay unas cinco mil especies y son capaces de hacerse las muertas para protegerse de los depredadores.