Esos pequeños ratitos

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Ilustración: Beatriz Arribas

Esos pequeños ratitos

Estaba sentada frente a ella. Bebíamos vino y hablábamos de la vida.

Más bien, ella me hablaba de la vida.

Sus ojos verdes brillaban como nunca. Mezclaba momentos del pasado y deseos del futuro en un mismo sorbo de Ribera. El año pasado había sido espectacular, pero este iba a ser mejor. Así lo habíamos decidido.

−Sofi, da igual que sea martes, que estemos por la tercera copa o que tengas que presentar mañana… Si no fuera por estos ratitos, nada valdría la pena.−

Ella lo sabía bien. Había vivido momentos intensos y fatídicos. El adiós a su padre, la enfermedad de su madre, la responsabilidad de llevar a flote un negocio heredado y quizá, no tan deseado pero necesario… Ahí estaba ella. Preciosa, exultante, relajada.

Sonreía sin cesar. Estaba divirtiéndose conmigo, disfrutaba de la tapa de la casa, del vino con cuerpo, de las recomendaciones del camarero, del momento de paz, de esos pequeños ratitos.

Seguía hablando de cómo afrontar el futuro, de cuándo sería el momento adecuado, de las dudas que le surgen a alguien que sabe que quiere ser madre pero que cree no estar preparada, no todavía.

La escuchaba atentamente mientras mi mente, algo adormilada por el tinto, pensaba que en su vida había inevitables brochazos dramáticos, que las dos hermanas habían demostrado ser unas luchadoras natas, que se tenían la una a la otra y que por eso precisamente, la misma vida que las había puesto a prueba, les había regalado grandes tesoros e incalculables pinceladas de felicidad.

Y ella, dulce y sosegada, apreciaba cada una de ellas. “Esos pequeños ratitos”, como decía, constituían lo bueno de la vida en su máxima potencia. Eran sonrisas abiertas, carcajadas limpias, miradas cómplices, sinceridad sin añadidos, el nirvana en estado puro.

− ¿Qué sería de mi vida sin estos pequeños ratitos? − me repetía coqueteando con la copa de vino que ya había pasado de Ribera a Rioja casi sin darnos cuenta. Ese camarero sí sabía mimarnos. − Quizá todavía no te hayas dado cuenta Sofi, pero la familia y los amigos son lo más importante− sentenció.

Y ahí estábamos la dos, dejando atrás los agobios y las penas, abrazando nuestros deseos, planificando nuevas aventuras, marcando fechas en el calendario, saboreando la última copa de aquel martes, filosofando sin intuir que la pequeña venía de camino, disfrutando juntas de esos pequeños ratitos.