Jordania, un auténtico tesoro

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Viaje a Jordania. Desierto de Wadi Rum.

<<¿Qué destino visitamos en noviembre que esté dentro de nuestro presupuesto y sin pasar frío? >> Así comenzó el viaje a Jordania, un país asequible para conocer de una sentada y donde bajo ningún concepto moriríamos congelados. No nos equivocamos: PEDAZO DE VIAJE.

Volamos hasta Ammán y desde el principio sentimos su hospitalidad. Habíamos reservado un hotel escondido en pleno centro que ni el taxista, que sí sabía árabe, podía localizar. Como un campeón, no nos abandonó hasta haber encontrado el alojamiento fantasmal, pero de tal apuro que le entró al perderse una y mil veces, nos invitó a dos deliciosos zumos de fruta natural ¡y dentro del taxi! Claramente, necesitaba hacer un break para pensar dónde narices se ubicaba el hotel.

Una vez encontrado, subimos las maletas al bien escondido Yahala Downtown. Este lugar (porque no es hotel) se encuentra en el centro de la capital y sin embargo, no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo. Solo diré que no había techo en el baño entre otras muchas cosas. Eso sí, las risas que nos pegamos valen oro. Ya sabéis, al mal tiempo, buena cara y más si se está de viaje.

Viaje a Jordania. Hotel en Ammán. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

Ammán

En la capital no hay mucho que ver. Lo podemos resumir en la ciudadela y el teatro romano, este último es impresionante. Lo que sí es genial es caminar por los zocos, ver cómo ni coches ni peatones respetan las señales, intentar cruzar a la acera contraria y seguir vivo, comer entre jordanos el delicioso falafel del antiquísimo Hashem Restaurant y babear con la kunafa (postre típico de trigo hilado con almíbar) de Habibah, la pastelería más frecuentada por los autóctonos.

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Castillos del Desierto

Al salir de la ciudadela, nos topamos con el famoso Shawki. Y te preguntarás: ¿quién es este tipo? Pues un hombre que aparece en uno de los apartados de la guía Lonely Planet. Claro está, nosotros tampoco sabíamos quién era, pero él, como buen vendedor, tenía localizada a la perfección la página donde aparecía su nombre, número de teléfono y recomendación. No solo conocía todos los entresijos del país, sino que además hablaba un inglés entendible. Y es que allí la gente de a pie siempre te quiere ayudar, pero por desgracia en árabe porque el inglés solo lo parlotean quienes se dedican al turismo.

Nos montamos en el taxi de Shawki para visitar los Castillos del Desierto y durante el recorrido le acribillamos a preguntas para aprender más sobre su cultura y costumbres. ¡Hasta nos indicó donde vive su padre! Eso sí, me quedé con ganas de preguntar por dos temas: mujeres y religión. Curiosidad que todavía tengo y que por respeto me limité a observar conformándome con sacar mis propias conclusiones.

Los Castillos del Desierto son muchísimos y todos se remontan al tiempo de los omeyas. Nosotros visitamos tres:

  1. Qasr al-Azraq, el castillo que acogió en un duro invierno a Lawrence de Arabia.

Viaje a Jordania. Castillos del Desierto: Azrac. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

  1. Qusayr Amra, famoso por sus “atrevidos” frescos con escenas de desenfreno, mujeres desnudas y vino. (En el Islam no se puede beber alcohol ni hacer orgías). ¿A que se parece a las casas del planeta Tatooine de la Guerra de las Galaxias?

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  1. Kharana, por fuera pequeño y sencillo, por dentro sorprendentemente grande.

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Jerash

Atrás dejamos la capital y la lucha por la supervivencia dentro de un coche de alquiler que circulaba en medio del tráfico caótico y peligroso de Ammán, para llegar a la llamada “Pompeya de Asia”.

En Jerash descansa una ciudad romana muy bien conservada con varios arcos del triunfo, dos anfiteatros, un hipódromo, varios templos, fuentes, baños y un impresionante foro columnado. ¡Y pensábamos que esta ciudad no tendría mucho que ofrecer!

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Ajloun

De Jerash condujimos hasta el castillo de Ajloun, encaramado en lo alto de una colina. Una fortificación preciosa con un guardia muy poco agradable.

Cuando desde España preparamos nuestra hoja de ruta no contamos con que en Jordania en noviembre ya es de noche a las 5 de la tarde. Este minúsculo e imprescindible detalle hizo que modificáramos sobre la marcha nuestro planning. ¡Menos mal que somos unos cracks (sí, mi abuela hoy está apagada o fuera de cobertura) y nos salió todo redondo!

¿Por qué te cuento esto? Por la siguiente aventura. Era nuestro primer día con el coche y no estábamos acostumbrados a las carreteras jordanas. ‒Si vas en un futuro debes saber que son pocas y todas como las comarcales de España, incluida la única autopista que no tiene marcados ni los carriles.‒ Total, estábamos en Ajloun y se hizo de noche. Teníamos que llegar al Mar Muerto y encontrar nuestro hotel. Tardamos mucho más de lo previsto porque nos perdimos, llegamos a la frontera con Israel, en el paso fronterizo un tío con metralleta, súper majo y del Madrid nos señaló el camino, camino que no era de asfalto sino de tierra y por el que no pasaba ni el tato… ¿Cómo íbamos a dar nosotros en medio de la noche con un camino de tierra para llegar a un hotel de lujo? Y cuando llegamos al Mar Muerto nos pasamos el hotel, así que volvimos a preguntar a otros policías ‒en Jordania hay continuos controles en las carreteras, ten siempre tu pasaporte a mano‒ quienes nos acompañaron hasta el Warkick Winter Valley Resort &Spa. ¡Genial! Era el único hotel de lujo que íbamos a pisar y llegamos a lo grande ¡con escolta privada! Y es que en el Mar Muerto el gobierno no deja construir complejos turísticos de menos de cuatro estrellas.

Mar Muerto

Era muy fácil superar al hotel de Ammán, pero puedes imaginarte la diferencia cuando entras en uno superior. Disfrutamos muchísimo de todo lo que nos ofrecía: desayuno buffet, habitación con salón y té, cama gigante, piscina, pero sobre todo… ¡su playa privada en el Mar Muerto!

¡Tuvimos el mar para nosotros solos! Más tarde llegaron otros cuatro huéspedes y es un verdadero lujo decir que éramos cuatro gatos (seis) en el punto más bajo del planeta.

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Así es el ritual. Te bañas en el mar 15 minutos como mucho. Si estás más tiempo, la enorme cantidad de sal puede estropear tu piel. Sales del bañito y te untas barro por todo el cuerpo. Te expones diez minutos bajo el sol abrasador dejando secar el barro. Y cuando ya pareces una estatua a 400 metros bajo el nivel del mar, ¡vuelves a flotar en el Mar Muerto deshaciéndote del barro que recorre tu cuerpo! Cuando salgas, tu piel estará suave y tersa y serás la persona más achuchable del mundo.

Viaje a Jordania. Barro en el Mar Muerto. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

De toda esta parafernalia, que es muy divertida, lo mejor es intentar nadar en el mar. Ya sabes que con la cantidad de sal no nadas, sino que flotas. Y aunque esto quede muy chulo por escrito, hay que vivirlo. ¡La sensación de ser un globo y no poder hundirte es indescriptible! Aviso a los flotadores: la cara no se moja porque si la más mínima gota de agua te cae en los ojos, verás las estrellas.

Como curiosidad te contaré que el mar Muerto ha tenido muchos nombres como “Mar de la Sal” o “Mar Apestoso” por el barro con el que nos untamos, pero que fue un griego quien lo bautizó como Mar Muerto al observar que la salinidad impedía el desarrollo de la vida de los peces y otros animales acuáticos.

Al margen de la experiencia, me sorprendió mucho ver cómo una pareja árabe conocía el Mar Muerto. Sé que son culturas diferentes, la suya de la nuestra, pero me llamó la atención ver al chico en bañador, flotando en el mar, untándose el barro, exponiéndose al sol, mientras que su pareja vestida de pies a cabeza le hacía fotos y esperaba pacientemente a que el joven acabara. No lo pude evitar, sentí mucha pena por ella.

Valle del Jordán

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Después de un merecido mini-descanso, volvimos al coche en dirección al Valle del Jordán, río donde Juan Bautista bautizó a Jesús.

El otro lado de la orilla pertenece a Israel y los Territorios Palestinos y es curioso lo cerca que están y lo lejos que parecen. En ambas orillas los militares vigilan para que ninguna persona pueda cruzar la frontera, que es el propio río, una tierra de nadie.

Y sí, hicimos lo que estás pensando. ¡Traernos un par de botellas llenas de agua embarrada del Jordán! Todas las abuelas lo agradecen y el suvenir te sale bastante económico.

Castillo de Karak

Condujimos hasta Karak para ver el castillo cruzado más famoso de Jordania, donde entramos de chiripa. La taquilla cerraba a las 15:30 y llegamos casi a las 16:00. Como el encargado de las entradas quería llevarse a casa un dinerillo extra, nos dejó entrar a cambio de la voluntad. Esto debe ser ilegal incluso en Jordania, pero Lazarillos de Tormes los hay en cualquier lugar.

Visitamos el castillo solos y ¡fue genial! Es un castillo enorme que debes explorar con linterna si quieres recorrer sus oscuros pasadizos. Entre que estábamos de polizones y que el viento se colaba por los agujeros, ¡creía estar en una peli de miedo!

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Petra

Salimos de Karak dirección Petra. Vimos anochecer desde el coche con unas vistas espléndidas recorriendo la carretera del Mar Muerto. Se oscureció el cielo y encendimos las largas de nuestro Mitsubishi. Abandonamos esa carretera para recorrer montañas desérticas sin más compañía que la nuestra.

Nos mosqueaba que no hubiera más coches circulando, temíamos por la gasolina porque estábamos a tres rayitas de agotar el depósito y excepto en Ammán, ver una gasolinera es como ver un milagro; cuando de repente apareció detrás de nosotros un coche azul marino, tuneado y lleno de pegatinas cutres. Nos adelantó varias veces, aminoró la marcha para que le adelantáramos nosotros y nos encendía los intermitentes tratando de decirnos algo. Yo pensé que lo que quería era matarnos, por eso lo bautizamos como el coche fantástico asesino y agradezco muy mucho haberle perdido de vista. Aquella situación era rara, MUY rara. Al final, dimos con una gasolinera y las dos rayitas que quedaban por aquel entonces se convirtieron en un esperanzador depósito lleno y una cartera un poco más vacía.

Respiramos tranquilos, preguntamos cómo llegar y aunque tarde, aparecimos en Wadi Musa, el pueblo que acoge a todos aquellos que quieran visitar la ciudad oculta de Petra.

Pillamos comida rápida, en concreto, Shish tawooq, que es un kebab de dados de pollo picante a la parrilla, para irnos pronto a la cama y levantarnos con mucha energía. La necesitaríamos.

A la mañana siguiente, en el centro de visitantes de Petra preguntamos a un policía dónde podíamos aparcar. Bueno, más bien Diego preguntó. A mí el policía me mandó callarme la boca y dejar hablar a los hombres. ¡¡¡Y encima en árabe!!! Está claro que a veces no hace falta saber idiomas para hacerse entender.

Una vez aparcamos, fuimos a por las entradas. Con el ticket viene un supuesto paseo a caballo, pero luego tienes que pagar al beduino una propina de unos 5 dinares, así que muy gratis no es. Te recomiendo pasar en Petra dos días si lo visitas a muerte, y si vas más lento, tres. La diferencia de precio de la entrada es muy pequeña y Petra es impresionante. Importante: lleva unas buenas zapatillas de deporte y la cámara bien cargada.

Viaje a Jordania. Altar de los Sacrificios en Petra. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

Para entrar en la ciudad oculta recorrerás el Siq, un pasillo mágico de kilómetro y medio. Parece que las montañas te dejan paso para contemplar la maravillosa Petra. Al final del Siq, las paredes se estrechan dejando pasar menos luz, creando un ambiente misterioso para abrirse y ver el preciado Tesoro.

Viaje a Jordania. El Siq y el Tesoro en Petra. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

En realidad, era un sepulcro para el rey nabateo Aretas III, pero debe su nombre a la leyenda. Se cuenta que un faraón egipcio escondió un tesoro en la urna central del segundo nivel mientras perseguía a los israelitas. Quienes creyeron la historia intentaron saquear el tesoro, y por eso en la urna podrás ver unas marcas de bala.

Desde el principio, te ofrecerán carros tirados por caballos, paseos en camello, excursiones en burro o como ellos lo llaman taxi con aire acondicionado, pulseras, postales y un sinfín de recuerdos. Nosotros lo hicimos todo a pie, pero si estás cansado no es mala idea coger uno de sus transportes peludos.

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En Petra hay mil cosas para ver porque es una ciudad entera y absolutamente todo merece la pena. ¿Qué no me perdería?

  1. Las tumbas reales
  2. La excursión al Altar de los Sacrificios bajando por Wadi Farasa
  3. El Monasterio
  4. El mirador desde donde se ve El Tesoro

Viaje a Jordania. El Monasterio de Petra. Más Viajes en Cinco Minutitos Más.

Mucha zapatilla, mucha escalada, mucho cansancio pero una recompensa colosal. Petra es brutal. Si te gusta viajar, este lugar es un must.

Fue construida por los nabateos, una tribu nómada de Arabia occidental, desde el siglo IV a.C. Era una ciudad muy rica, pero cuando las rutas comerciales cambiaron Petra por Palmira los romanos se apoderaron del debilitado imperio nabateo. Los terremotos del 363 y del 551 destruyeron gran parte de la ciudad y Petra pasó a ser un lugar perdido conocido solo por los beduinos, quienes mantuvieron su ubicación en secreto. ¡Qué interesante!

Hasta que en 1812, el explorador suizo Jean Louis Burckhardt oyó hablar de unas fantásticas ruinas en las montañas de Wadi Musa. Como estaba decidido a encontrarlas, trazó un plan. Se disfrazó de santón musulmán y buscó un guía beduino al que le comentó que tenía la intención de sacrificar una cabra en honor a Haroun, cuya tumba sabía que estaba situada en un extremo del valle. Cuando comenzaron a caminar por el Siq, el guía descubrió el engaño pero para no levantar sospechas le dejó hacer un limitado reconocimiento de la ciudad oculta. Burckhardt había llegado a un lugar que ningún europeo había visitado jamás. ¿Mola, eh?

Viaje a Jordania. Mirador de El Tesoro en Petra. Más viajes en Cinco Minutitos Más.

Otra cosa que no te puedes perder es el espectáculo de Petra by night. Recorrerás el Siq de noche iluminado por la luz de velas y llegarás a El Tesoro para sentarte y escuchar la música de una flauta y un rabat resonando entre las montañas mientras calientas el cuerpo con una reconfortante taza de té. Mágico.

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Petra by night nos gustó, pero reconozco que estuvo mil veces mejor quedarnos el último día hasta el final y ser los últimos turistas en recorrer solos el Siq. No había luz y tampoco queríamos que la hubiera porque así era como recorrían el cañón los nabateos: en silencio y a oscuras. Casi nos atropellan unos caballos, pero lo volvería a hacer.

La última noche fuimos a cenar las especialidades beduinas: mensaf (un plato de cordero, arroz y piñones mezclados con yogur y la grasa de la carne cocinada) y maqlubbeh (arroz con pollo y especias). Están muy ricas.

Aqaba

Nos despedimos de los trabajadores del Sharah Mountains Hotel, un alojamiento muy recomendable no solo por sus comodidades sino especialmente por sus empleados, un equipo de hombretones simpáticos físicamente muy parecidos a los Pressing Catch, y emprendimos el viaje con destino Aqaba, una ciudad muy fea con una actividad muy divertida: ¡el buceo!

Solo tardarás un par de horas en conocer la urbe y luego… ¡a bucear en el Mar Rojo! Todo lo impresionante que aquí no tiene la tierra, lo encontrarás bajo el mar.

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La última noche celebrando el cumpleaños de Diego, probamos la oferta gastronómica que brinda el sur de Jordania: el pescado. En concreto, nos decantamos por la especialidad del sayadieh, pescado rebozado con arroz en salsa de tomate, cebolla y pimiento.

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Para acabar, fumamos shisha de sandía y menta en una terraza. Es impresionante la cantidad de tabaco y pipas que consumen los jordanos al día. Un empleado del hotel me llegó a confesar que fumaba entre tres y cuatro paquetes de cigarrillos diarios. Al no permitir su religión beber alcohol ni tomar drogas, se desfogan con el tabaco y los más jóvenes también con la marihuana.

Wadi Rum

Comenzábamos a ver el final del viaje y eso no nos gustaba nada. Sin embargo, el día que teníamos por delante bien merecía que lo enmarcáramos. Una vez más, cogimos el coche para dejar Aqaba y adentrarnos en el desierto de Wadi Rum.

Al llegar al centro de visitantes, nos atendió el que más tarde sería nuestro guía. Te cuento: el desierto de Wadi Rum es una reserva natural. Para entrar tienes que pagar un ticket de 5 dinares y luego a parte contratar un guía que te enseñe los puntos de interés. Hay dos tipos de guía: los legales, son beduinos locales que viven en el propio desierto y que parte del dinero que les das se lo entregan a la comunidad, y los listos que en lugar de enseñarte Wadi Rum te enseñan la zona de Diseh y se quedan ellos con la pasta. Aunque salga un poco más caro, hazlo por lo legal siempre regateando. De verdad, la excursión es la leche.

Nosotros contratamos primero un paseo en camello hasta el Manantial de Lawrence. Subidos a lomos de los camellicos, les pusimos nombre. El de Diego por su tranquilidad y sosiego lo bautizamos como Pacífico. Pacífico también es la zona donde vivo en Madrid, y por asociación y cercanía y dado que mi camello era travieso como él solo, lo llamamos con cariño Puente de Vallecas.

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El resto de puntos de interés (la casa de Lawrence, las dunas de Al-Hasany, las inscripciones de Alameleh…) los visitamos en todoterreno.

Eiteq, nuestro guía, quería que viviéramos todas las experiencias de los beduinos y así lo hicimos. Seguimos todos sus consejos:

En la duna más roja y más bonita, abandonamos los zapatos y los calcetines y subimos descalzos hasta la cima. ¡Me sentía como una niña pisando un charco con ganas! Una sensación fantástica.

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Compartimos té con sus amigos beduinos , un brasileño y un vienés. En esa primera tienda conocimos a Sami, otro beduino que trabaja de forma voluntaria en Wadi Rum y que me hizo un tatuaje de henna. (Gratis porque según él me parecía a Rania. A caballo regalado…) Me comentó que todas las mujeres se hacen esos tatuajes para que les sucedan cosas buenas y que a mí me sucederían. ¡Eso espero!

Condujimos el castigado 4×4 por el desierto. Cuando me puse al volante, Eiteq me quiso explicar cómo se metían las marchas. Flipó cuando le dijimos que llevaba años conduciendo y más aún cuando me vio emocionada al mando. Imagínate, yo riendo y dándole al pedal, y Diego corroborando que estaba muy crazy. No volvió a ofrecerme el volante, pero ese rato me lo pasé súper bien. Por cierto, nos contó que tenía los cristales tintados del coche para que cuando llevaran a alguna de sus hermanas, el resto no pudiera verlas. También nos confesó que gracias a que su padre bebió durante su juventud mucha leche de camella, él ahora tenía 28 hermanos. Al rato, le ofreció a Diego leche de camella. No llegó a beberla.

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Vimos el anochecer solos desde el campamento.

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Compartimos cena con seis turistas de Corea, Rusia, Hungría y Norteamérica y con la familia beduina. ¡Y qué cena! Para mí, la mejor de todo el viaje. Además que es muy curioso verles cocinar en zerb. Es un horno de arena, es decir, un agujero en la arena con suficiente leña como para hacer la brasa. Una vez tienes la brasa, se mete la comida en una bandeja de hierro, se cubre el agujero con una tapa de metal y ésta a su vez con mucha más arena. Las brasas se apagan enseguida, pero el calor no se sale por la arena así que se deja cocinar la carne y la verdura con ese calor durante horas. Luego los alimentos tienen un regustillo muy rico a ahumado.

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Compartimos té con menta. Los beduinos hacen un té muy dulce. Primero hierven el agua con azúcar en el fuego. Luego añaden el té y una ramita de un árbol que se encuentra en el desierto y que no soy capaz de recordar su nombre, pero era una rama muy seca. Cuando todo vuelve a hervir, se sirve el té y quien quiere le añade unas hojas de menta natural. ¡Riquísimo!

Disfrutamos del fuego y conocimos a El Gran Beduino. En realidad, no sabemos cómo se llama este gran hombre pero era uno de los tres fundadores de la reserva de Wadi Rum y no sabéis la presencia que tenía el tío. En cuanto llegó, toda su familia (el resto de beduinos) se pusieron firmes atendiendo a todas las peticiones de El Gran Beduino. Era muy trabajador y se le notaba cansado, pero tuvimos la suerte de hablar en privado con él. ¡A veces acostarse el último tiene su recompensa! Nos contó que su vida era el desierto, que no había nada que se le igualara, que dormía todas las noches a la intemperie (él en concreto dijo bajo las estrellas) y que cuando llovía, dormía en una cueva. Y es cierto, porque le vimos irse a dormir. Esa noche, no llovió.

Antes de acostarnos, estuvimos un rato mirando al cielo. Azul oscuro, casi negro con millones y millones de estrellas. El Gran Beduino nos señaló Orión, la Vía Láctea y la Estrella Polar antes de caer rendido. Diego y yo nos quedamos un rato mirando, la estampa era idílica.

Por consejo de El Gran Beduino, dormimos cuatro horas y nos levantamos para ver el amanecer subidos a una montaña. Cuando despertamos, él ya estaba arreglando un todoterreno y vigilando a los camellos que caminaban por el desierto a sus anchas.

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Horas más tarde, dejamos apenados Wadi Rum para finiquitar el país. Nos quedaba Monte Nebo y Madaba.

Monte Nebo

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<<Sube a esa montaña de los abarím, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los israelitas.>> Deuteronomio 32, 49-50

El Monte Nebo es el lugar donde Moisés vio la Tierra Prometida para más tarde morir. Como sitio curioso está bien, pero no hay mucho que ver a parte de rememorar el momento bíblico y sus preciosas vistas desde donde ves el Jordán, el Mar Muerto, Jericó… Como indica la Biblia, la tierra de Canaán.

Madaba

Madaba es famosa por su colección de mosaicos del periodo bizantino. El más famoso es el mapa-mosaico de la iglesia de San Jorge. A parte de esto, no tiene nada más. Lo siento pero lo digo sin paños calientes: me parece una ciudad horrorosa y prescindible si vas apurado de tiempo.

Una vez dimos por finalizada la visita a esta ciudad, cogimos por última vez el coche de alquiler en dirección al aeropuerto. ¡Nooooo! No queríamos marchar. Y sigo pensando que Jordania tampoco quería que nos fuéramos porque tuvimos un tiempo veraniego durante todo el viaje y esa misma noche cayó una niebla tan densa que ningún avión pudo despegar hasta bien pasadas las diez de la mañana. (Nuestro avión salía a las tres de la madrugada).

Ha sido un país increíble, un viaje espectacular con un acompañante sensacional. ¡Ya estoy deseando saber cuál será mi próximo destino!

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Hoja de ruta:

  1. Madrid-Ammán
  2. Ammán-Castillos del Desierto-Ammán
  3. Ammán-Jerash-Ajloun-Mar Muerto
  4. Mar Muerto-Valle del Jordán-Karak-Petra
  5. Petra
  6. Petra
  7. Aqaba
  8. Aqaba
  9. Wadi Rum
  10. Monte Nebo-Madaba-Aeropuerto