Viaje a Milán, Lago Di Como, Verona y Bérgamo

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Duomo. Viaje a Milán.

No teníamos pensado hacer este viaje durante las vacaciones de Semana Santa de 2016, ¡ni mucho menos! Pero por circunstancias de la vida, acabamos por esas fechas en la región de Lombardía.

Ahora agradezco haber ido a finales de marzo. Nos hizo un tiempo espléndido y la ciudad con sol, terrazas y ajetreo es pura vitalidad y se disfruta mucho más.

Milán

Milán es pequeña a escala turisteo. Se puede ver en dos días y medio a buen ritmo. Medio día para situarte y los otros dos para conocer la zona turística y algo de la no turística en profundidad.

Llegamos por la tarde, dejamos las maletas en el hotel y después de comer un par de bocadillos, nos echamos la mochila al hombro y cogimos el metro hasta el centro. Fue salir a la calle y toparnos con el majestuoso Duomo.

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Los cobardes nunca hacen historia

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Ilustración: Beatriz Arribas

Los cobardes nunca hacen historia

Salgo a correr antes de ir al trabajo. Me relaja, me ayuda a afrontar el día con energía y buen humor. Como la fibra del anuncio.

Es una costumbre que siempre me ha resultado positiva. Observo la ciudad al ritmo de mis pisadas y descubro sus muchas facetas. De lunes a viernes a eso de las siete de la mañana, la calles están en silencio, apenas hay gente y se respira una calma solo habitual un día de agosto a la hora de la siesta en plena solana. ¡Nada que ver a cuando salgo con Isa! Corremos los fines de semana por El Retiro a horas más normalitas esquivando a los transeúntes entre charla, respiración y charla.
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Perder el compás

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Ilustración: Beatriz Arribas

Perder el compás

Quería ser músico, sacar mil discos, tener fans y ganar premios. Por eso decidí tocar en la calle. No me resultó nada fácil. La timidez me podía… Pero no tenía contactos y si quería que alguien me escuchara, no quedaba otra.

Me coloqué en unas galerías cercanas a la Piazza. Allí si llovía, el amplificador, la guitarra y el micro no sufrirían ningún daño. Además, la acústica era buena y mi música resonaba por todo el pasaje.

Pasaron meses y aunque ningún cazatalentos se interesó por mí, yo seguía intentándolo. Me consolaba pensar que había transeúntes, mayores y pequeños, que se paraban un rato y disfrutaban conmigo de la música. Pero he de reconocer que ese consuelo no era suficiente. Me estaba dejando la piel en aquellas galerías.

Un martes cualquiera, a eso de las siete y media de la tarde, dejó de ser un martes cualquiera cuando ella pasó.
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¿Viaje a Cuba? ¡Claro, mi helmano!

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Viaje a Cuba

Desde que se pone un pie en la isla, uno no deja de sudar. No tanto por el calor que hace, que también, sino por la humedad. Sin embargo, este pequeño inconveniente no debería disuadirte de ir a un lugar donde ¡se siente la música, mi helmano!

Ya íbamos advertidos de que en julio no hace falta llevar ni un solo pantalón largo. Y es verdad, no lo necesitarás. El jersey, como mucho, te servirá para el aire acondicionado del avión y todo lo demás, cuanto más ligero, mejor.

A la ida volamos con la aerolínea Aviación Cubana y aunque el transporte estaba heredado de los rusos y debía ser de la edad de piedra, llegamos a buen puerto.

La primera experiencia con su pausada filosofía de vida la tuvimos nada más recoger las maletas. Tardaron una hora y media .Y es que si algo tienes que llevar a Cuba es paciencia. Son tranquilos, trabajan a su ritmo y por mucho que te alteres, no conseguirás invadir su paz ni acelerar aquello que necesites.

Al salir del aeropuerto, conocimos a Diego y Agustina, una simpática pareja de argentinos ávidos de aventura con los que compartimos nuestro primer taxi a Centro Habana.

¿Primeras impresiones? Palmeras, anochecer y coches chulísimos de los años 50. Una estampa como la de los libros.
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