Sí, me quiero

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Ilustración: Beatriz Arribas

Sí, me quiero

Llevaba un rato esperando a mi mejor amiga en un local muy cuco de Tribunal. Me calentaba las manos con la taza de té que minutos antes había pedido mientras repasaba mentalmente todas las conversaciones que había tenido con él desde marzo del año pasado. Las sabía de memoria.

Llegó Carol, mi fiel consejera en temas de amor, y sin pensarlo me lo soltó a bocajarro. No es que no me lo esperara, en redes sociales había indicios de fuga. También estaba ese sexto sentido que tenemos las mujeres, que olemos lo que se está cociendo a pesar de cerrar los ojos porque lo que olfateamos no nos gusta… Y con todo esto, y aunque una parte de mí ya lo supiera, no me lo pude creer.

Se había largado con otra y yo en lugar de darle la espalda, buscaba excusas para entenderle. Sigo sin saber porqué pensaba así, pero es que no pensaba, solo sentía. Sentía rabia, sentía celos, me sentía pequeña e insignificante, pero sobre todo me sentía enamorada.

Era mi bolsita de té en lo más hondo de la taza aplastada por el líquido humeante de dolor, sentimientos y lágrimas. Juntos oprimían a la débil y ligera bolsa de té.

Me hacía daño y no me valoraba. Y hablo de mí. Pisoteada, vencida, machacada por mis propios pensamientos que solo me llevaban al cariz amargo de la soledad. ¿Cuánto tiempo pasé frente al teléfono esperando una llamada, un whatsapp, una señal que jamás llegaría? ¡Cómo pude haber pensado que se arrepentiría y volvería! Una y otra vez, y otra, y otra…. Estaba loca. De amor.

No me arrepiento de cómo actué. Sé que si volviera al pasado, cometería los mismos errores. Son los mismos que me han hecho crecer. Vendrán más tíos, quizá el tío, y no encontrarán lo que se encontró él. Porque ahora sé que soy estupenda y genial, con mis más y mis menos, pero fabulosa al fin y al cabo. Y si el que venga no me quiere, no pasa nada. Porque yo sí. Ahora, sí, me quiero.