Sherezade y su piedra de jade

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Ilustración: Beatriz Arribas

Sherezade y su piedra de jade

En un pequeño castillo al pie de las montañas, vivía la princesa Sherezade. Era algo bajita y rechoncha, de pelo castaño, grandes ojos verdes y sonrisa abierta. Tenía unos mofletes tan redonditos y tiernos que su madre en lugar de darle un beso, le daba un pequeño mordisquín en el pómulo haciendo que Sherezade riera a carcajadas. ¡Le hacía unas cosquillas tremendas!

A Sherezade le gustaba hacer excursiones por la montaña, jugar con otros niños, comer hamburguesas y pasar la tarde con su madre, sobre todo cuando volvía de un viaje trepidante.

La tarde en que la reina regresó de la China, tenía mil historias que contar a su princesita, así que encendió la chimenea del gran salón, preparó un chocolate caliente y estuvieron hablando durante horas.
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Arrugas de vivir

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Ilustración: Beatriz Arribas
Arrugas de vivir

Nico estaba sentado en el suelo del salón, al lado de la chimenea de piedra que había construido con diligencia el abuelo en su juventud.

En el pueblo hacía mucho frío y cuando caía la noche era mejor acurrucarse cerca del fuego y divertirse con el parchís o con un buen libro, que agarrar una pulmonía merodeando por la plaza mayor.

Aquella noche las mujeres de la casa estaban de fiesta. En agosto se casaría su tía Ana y todas andaban en la despedida de soltera. Su padre y su hermano no vendrían hasta el domingo, así que Nico y el abuelo se quedaron solos en la casona.
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Superhéroes

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Ilustración: Beatriz Arribas

Superhéroes

A eso de las nueve de la noche, Jaime, Álvaro y Fer escuchaban a su padre muy atentos. Con entusiasmo, les leía parte de un cómic y siempre cerraba el tomo en el momento más álgido, en el más intrigante, ¡cuando los villanos iban a hacer algo terrorífico!

Los tres hermanos entre el cansancio y el misterio, soñaban por las noches con finales alternativos donde ellos, ¡qué casualidad!, eran los superhéroes.

Los cuentos, decía su padre, estaban bien pero un cómic de Spiderman, del Capitán América o de Iron Man… era algo superior. La emoción, el peligro, la acción y, cómo no, los superpoderes hacían de los cómics la mejor lectura.

Después del cole, los hermanos se asignaban entre ellos un personaje y jugaban a ser superhéroes. Soñaban con tener una capa que les permitiera volar, con tener un par de lanzatelarañas o el poderoso martillo de Thor. No importaba que lo imaginaran despiertos o dormidos, ellos siempre querían salvar la ciudad.

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El cercanías de las ocho y tres

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Ilustración: Beatriz Arribas

El cercanías de las ocho y tres
Trabajo lejos de casa. Al menos, tardo una hora en llegar a la oficina y como, de momento, no tengo coche, cojo el cercanías de las ocho y tres.

A esas horas puedes imaginarte mi cara… No es que sea fea hasta el extremo, pero te aseguro que siendo la misma persona, no tengo nada que ver un sábado noche con un lunes a primera hora.

Bueno, eso era hasta que le conocí… Creo que desde entonces, he mejorado mucho mi aspecto entre semana.

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