Ramón, el verde camaleón

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Ilustración: Beatriz Arribas

Ramón, el verde camaleón

En el bosque más frondoso de Madagascar, entre árboles y flores de colores, vive Ramón, el camaleón.

Es pequeño y verde, y como el resto de su familia, tiene una lengua larga y súper rápida para captar los insectos más sabrosos, unas patas con forma de manopla para trepar por los árboles más altos, y unos ojos grandes y globosos para ver absolutamente todo. Cada ojo se mueve como quiere, dándole al camaleón una vista singular de casi 360 grados.

Hasta aquí, Ramón era como los demás. Sin embargo, poseía una peculiaridad que ningún otro camaleón tenía…
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La ilusión de Alejo, el cangrejo

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Ilustración: Beatriz Arribas

La ilusión de Alejo, el cangrejo
Entre rocas saladas y grandes corales vivía Alejo, ¡el cangrejo más rápido de todo el océano! O eso creía él…

Desde que comenzó en la Escuela Mejillón tenía una asignatura favorita: educación física. Realmente lo que le entusiasmaba era participar en las carreras. De toda la clase, era el cangrejo con mayores reflejos y, por supuesto, el más rápido. Así que cada vez que había en el cole una competición, Alejo lograba el primer puesto.

Sin embargo, de tan bueno era un poco chulito. Se burlaba de los cangrejitos que no corrían tan rápido como él. Era cruel y no le importaba. De hecho, le gustaba reírse de ellos. Sabía que nunca podrían llegar a correr con la velocidad con la que él corría.

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Beni, la osa más generosa

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Ilustración: Beatriz Arribas

Beni, la osa más generosa

En la montaña más bajita del centro de China vivía Beni Yung, una osa panda gordita y peluda. Beni, al igual que el resto de osos panda, comía cada día muchísimo bambú. Pero todos los domingos, como premio por haberse portado bien y haber hecho los deberes que le mandaban en la escuela, su madre le preparaba un pequeño cuenco de arroz con leche, un postre dulce y delicioso que a Beni le volvía loca.

Esta receta era el secreto mejor guardado de la familia Yung. Había pasado de madres a hijas de generación en generación y nunca ningún otro oso panda de la región había logrado descubrir la preparación del arroz con leche.

Cuando Beni cumpliera dieciocho años y fuese mayor de edad, su madre le enseñaría a preparar la tradicional receta de familia. Hasta entonces, cada domingo, Beni esperaba ansiosa en el salón mientras mamá le preparaba en la cocina su postre preferido. La casa se impregnaba a ese olor tan suculento que en cuestión de segundos abría el apetito de la pequeña osa panda.

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Por Yiya, ¡la luciernaguilla!

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Ilustración: Beatriz Arribas

Por Yiya, ¡la luciernaguilla!Pasteles, chocolate, galletas y helados. Patatas, hamburguesas, pizzas y fajitas. Ramona la luciernagona comía de todo menos fruta y verdura y sus papás estaban muy preocupados.

De vez en cuando puedes darte un capricho y comer un trozo del pastel, ¡el  que más te guste! Pero antes, tienes que comer lo que mamá te pone en el plato. Si no comes fruta y verdura cada día, no tendrás las vitaminas suficientes que tu cuerpo de luciérnaga necesita. Y si no tienes esas vitaminas, tu luz se apagará. Por favor, hija, haznos caso que es importante. ¡Sin tu luz serás una luciérnaga incompleta!‒ le decía su padreabrazándola con todo su cariño y su amor.

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