Perder el compás

Escrito por en Más relatos. Lo leerás en 3 minutos.

Ilustración: Beatriz Arribas

Perder el compás

Quería ser músico, sacar mil discos, tener fans y ganar premios. Por eso decidí tocar en la calle. No me resultó nada fácil. La timidez me podía… Pero no tenía contactos y si quería que alguien me escuchara, no quedaba otra.

Me coloqué en unas galerías cercanas a la Piazza. Allí si llovía, el amplificador, la guitarra y el micro no sufrirían ningún daño. Además, la acústica era buena y mi música resonaba por todo el pasaje.

Pasaron meses y aunque ningún cazatalentos se interesó por mí, yo seguía intentándolo. Me consolaba pensar que había transeúntes, mayores y pequeños, que se paraban un rato y disfrutaban conmigo de la música. Pero he de reconocer que ese consuelo no era suficiente. Me estaba dejando la piel en aquellas galerías.

Un martes cualquiera, a eso de las siete y media de la tarde, dejó de ser un martes cualquiera cuando ella pasó.
Leer más…

2

Arrugas de vivir

Escrito por en Más relatos. Lo leerás en 2 minutos.

Ilustración: Beatriz Arribas
Arrugas de vivir

Nico estaba sentado en el suelo del salón, al lado de la chimenea de piedra que había construido con diligencia el abuelo en su juventud.

En el pueblo hacía mucho frío y cuando caía la noche era mejor acurrucarse cerca del fuego y divertirse con el parchís o con un buen libro, que agarrar una pulmonía merodeando por la plaza mayor.

Aquella noche las mujeres de la casa estaban de fiesta. En agosto se casaría su tía Ana y todas andaban en la despedida de soltera. Su padre y su hermano no vendrían hasta el domingo, así que Nico y el abuelo se quedaron solos en la casona.
Leer más…

0

Estúpida confianza

Escrito por en Más relatos. Lo leerás en 2 minutos.

Ilustración: Beatriz Arribas

Estúpida confianza

De un arrebato salí de trabajar y compré el siguiente vuelo. Me iba a gastar más de medio sueldo para estar allí menos de 24 horas. La ocasión lo merecía.

A las cinco de la mañana, hice la mochila porque maleta no me hacía falta y con el metro llegué hasta Barajas.

Las ojeras me llegaban a los talones, pero a estas edades nada es poco y no me iba a arrepentir. ¿Para qué están el tiempo y el dinero si no es para usarlos con quien más quieres?

Leer más…

3

El cercanías de las ocho y tres

Escrito por en Más relatos. Lo leerás en 2 minutos.

Ilustración: Beatriz Arribas

El cercanías de las ocho y tres
Trabajo lejos de casa. Al menos, tardo una hora en llegar a la oficina y como, de momento, no tengo coche, cojo el cercanías de las ocho y tres.

A esas horas puedes imaginarte mi cara… No es que sea fea hasta el extremo, pero te aseguro que siendo la misma persona, no tengo nada que ver un sábado noche con un lunes a primera hora.

Bueno, eso era hasta que le conocí… Creo que desde entonces, he mejorado mucho mi aspecto entre semana.

Leer más…

2
therankway.com