Arrugas de vivir

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Ilustración: Beatriz Arribas
Arrugas de vivir

Nico estaba sentado en el suelo del salón, al lado de la chimenea de piedra que había construido con diligencia el abuelo en su juventud.

En el pueblo hacía mucho frío y cuando caía la noche era mejor acurrucarse cerca del fuego y divertirse con el parchís o con un buen libro, que agarrar una pulmonía merodeando por la plaza mayor.

Aquella noche las mujeres de la casa estaban de fiesta. En agosto se casaría su tía Ana y todas andaban en la despedida de soltera. Su padre y su hermano no vendrían hasta el domingo, así que Nico y el abuelo se quedaron solos en la casona.
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Estúpida confianza

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Ilustración: Beatriz Arribas

Estúpida confianza

De un arrebato salí de trabajar y compré el siguiente vuelo. Me iba a gastar más de medio sueldo para estar allí menos de 24 horas. La ocasión lo merecía.

A las cinco de la mañana, hice la mochila porque maleta no me hacía falta y con el metro llegué hasta Barajas.

Las ojeras me llegaban a los talones, pero a estas edades nada es poco y no me iba a arrepentir. ¿Para qué están el tiempo y el dinero si no es para usarlos con quien más quieres?

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El cercanías de las ocho y tres

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Ilustración: Beatriz Arribas

El cercanías de las ocho y tres
Trabajo lejos de casa. Al menos, tardo una hora en llegar a la oficina y como, de momento, no tengo coche, cojo el cercanías de las ocho y tres.

A esas horas puedes imaginarte mi cara… No es que sea fea hasta el extremo, pero te aseguro que siendo la misma persona, no tengo nada que ver un sábado noche con un lunes a primera hora.

Bueno, eso era hasta que le conocí… Creo que desde entonces, he mejorado mucho mi aspecto entre semana.

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Sí, me quiero

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Ilustración: Beatriz Arribas

Sí, me quiero

Llevaba un rato esperando a mi mejor amiga en un local muy cuco de Tribunal. Me calentaba las manos con la taza de té que minutos antes había pedido mientras repasaba mentalmente todas las conversaciones que había tenido con él desde marzo del año pasado. Las sabía de memoria.

Llegó Carol, mi fiel consejera en temas de amor, y sin pensarlo me lo soltó a bocajarro. No es que no me lo esperara, en redes sociales había indicios de fuga. También estaba ese sexto sentido que tenemos las mujeres, que olemos lo que se está cociendo a pesar de cerrar los ojos porque lo que olfateamos no nos gusta… Y con todo esto, y aunque una parte de mí ya lo supiera, no me lo pude creer.

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