Los cobardes nunca hacen historia

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Ilustración: Beatriz Arribas

Los cobardes nunca hacen historia

Salgo a correr antes de ir al trabajo. Me relaja, me ayuda a afrontar el día con energía y buen humor. Como la fibra del anuncio.

Es una costumbre que siempre me ha resultado positiva. Observo la ciudad al ritmo de mis pisadas y descubro sus muchas facetas. De lunes a viernes a eso de las siete de la mañana, la calles están en silencio, apenas hay gente y se respira una calma solo habitual un día de agosto a la hora de la siesta en plena solana. ¡Nada que ver a cuando salgo con Isa! Corremos los fines de semana por El Retiro a horas más normalitas esquivando a los transeúntes entre charla, respiración y charla.
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