Viaje a Viena

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Viaje a Viena

Caía muy bien el puente de la Constitución, teníamos un par de días libres, había muchísimas ganas de un respiro… ¡todo cuadraba para conocer Viena!

Cogimos el avión e iba hasta los topes. Tanto, que bajaron nuestras mochilas a la bodega en lugar de dejarnos meterlas en cabina. Cuando llegamos… ¡Sorpresa! ¡No teníamos mochilas! Ni mochilas ni nada de nada, íbamos con lo puesto.

Tras la reclamación, la aerolínea nos dio un neceser de supervivencia y ale, ¡a descubrir la ciudad con menos tantos grados y sin maleta!
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Viaje a Milán, Lago Di Como, Verona y Bérgamo

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Duomo. Viaje a Milán.

No teníamos pensado hacer este viaje durante las vacaciones de Semana Santa de 2016, ¡ni mucho menos! Pero por circunstancias de la vida, acabamos por esas fechas en la región de Lombardía.

Ahora agradezco haber ido a finales de marzo. Nos hizo un tiempo espléndido y la ciudad con sol, terrazas y ajetreo es pura vitalidad y se disfruta mucho más.

Milán

Milán es pequeña a escala turisteo. Se puede ver en dos días y medio a buen ritmo. Medio día para situarte y los otros dos para conocer la zona turística y algo de la no turística en profundidad.

Llegamos por la tarde, dejamos las maletas en el hotel y después de comer un par de bocadillos, nos echamos la mochila al hombro y cogimos el metro hasta el centro. Fue salir a la calle y toparnos con el majestuoso Duomo.

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¿Viaje a Cuba? ¡Claro, mi helmano!

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Viaje a Cuba

Desde que se pone un pie en la isla, uno no deja de sudar. No tanto por el calor que hace, que también, sino por la humedad. Sin embargo, este pequeño inconveniente no debería disuadirte de ir a un lugar donde ¡se siente la música, mi helmano!

Ya íbamos advertidos de que en julio no hace falta llevar ni un solo pantalón largo. Y es verdad, no lo necesitarás. El jersey, como mucho, te servirá para el aire acondicionado del avión y todo lo demás, cuanto más ligero, mejor.

A la ida volamos con la aerolínea Aviación Cubana y aunque el transporte estaba heredado de los rusos y debía ser de la edad de piedra, llegamos a buen puerto.

La primera experiencia con su pausada filosofía de vida la tuvimos nada más recoger las maletas. Tardaron una hora y media .Y es que si algo tienes que llevar a Cuba es paciencia. Son tranquilos, trabajan a su ritmo y por mucho que te alteres, no conseguirás invadir su paz ni acelerar aquello que necesites.

Al salir del aeropuerto, conocimos a Diego y Agustina, una simpática pareja de argentinos ávidos de aventura con los que compartimos nuestro primer taxi a Centro Habana.

¿Primeras impresiones? Palmeras, anochecer y coches chulísimos de los años 50. Una estampa como la de los libros.
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