Viaje a Milán, Lago Di Como, Verona y Bérgamo

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Duomo. Viaje a Milán.

No teníamos pensado hacer este viaje durante las vacaciones de Semana Santa de 2016, ¡ni mucho menos! Pero por circunstancias de la vida, acabamos por esas fechas en la región de Lombardía.

Ahora agradezco haber ido a finales de marzo. Nos hizo un tiempo espléndido y la ciudad con sol, terrazas y ajetreo es pura vitalidad y se disfruta mucho más.

Milán

Milán es pequeña a escala turisteo. Se puede ver en dos días y medio a buen ritmo. Medio día para situarte y los otros dos para conocer la zona turística y algo de la no turística en profundidad.

Llegamos por la tarde, dejamos las maletas en el hotel y después de comer un par de bocadillos, nos echamos la mochila al hombro y cogimos el metro hasta el centro. Fue salir a la calle y toparnos con el majestuoso Duomo.

Doumo. Viaje a Milán.

Estábamos cansadas del madrugón, así que estuvimos un buen rato viendo a la gente pasar, a las palomas atacar y a los turistas hacerse selfies. Era una tarde de reconocimiento del terreno y la tomamos con mucha calma.

De ahí fuimos a por un mapa a la oficina de información y turismo. Se encuentra dentro de las galerías Vittorio Emanuele II. Nos trataron fenomenal pero nos comentaron lo que yo ya llevaba una semana temiendo: no podríamos ver el cuadro de Da Vinci.

Cuatro días antes, habíamos intentado comprar las entradas desde España, pero siendo Semana Santa estaban más que agotadas.

La mujer de turismo nos comentó que o bien podíamos contratar una excursión que tuviera plazas de sobra o bien podíamos intentar comprarlas en la misma iglesia. Aún así en su cara no se reflejaba ni una pizca de esperanza…

Total, que nos fuimos a probar suerte y nos acercamos a la Iglesia Santa Maria delle Grazie. De camino, dejamos a un lado el Castello Sforzesco y pasamos por Plaza Cardona, donde una escultura de aguja, hilo y nudo representa colorida y orgullosa la moda, elemento esencial de esta coqueta ciudad.

Hilo, nudo y aguja. Viaje a Milán.

Al llegar a la iglesia, fui por primera vez al mostrador y una chica bastante antipática me dijo que si quería las entradas que llamara por teléfono. Salí de allí, me senté en el banco donde me esperaba Clara, tiré de datos y saldo e intenté llamar.

Tras intentarlo varias veces, hice una segunda incursión al mostrador, y me volvió a tocar la misma y adorable joven. Le expliqué que no me iba el móvil, que si por favor, podía ayudarme, y me comentó que fuera a llamar a una cabina pública. La tercera vez que molesté a tan amable señorita, fue para decirle que no encontraba cabinas, que si podía señalarme dónde había una. ¡¡¡Solo por lo pesada que había sido me tenían que haber vendido un par de entradas!!! Pero no. Para conservar Il Cenacolo solo pueden pasar a la sala 12 personas y yo, desde luego, no iba a ser una de ellas.

Enfurruñada, me fui al banco y como a los asturianos eso de rendirnos se nos da muy mal, insté a mi hermana a preguntar a otra señora. A mí ya me tenían suficientemente fichada.

Clara salió sin entradas pero con información muy valiosa. Le comentaron que si nos presentábamos allí mismo a las ocho de la mañana, quizá tuviéramos suerte y sobraran un par de entradas. Era poco probable, pero no imposible.

Consejo: si vas a ir a Milán, compra por Internet las entradas para ver Il Cenacolo. A poder ser, con la mayor antelación posible.

Estábamos agotadas, ya caía la noche y al día siguiente teníamos que levantarnos a las seis para estar a las ocho como clavos en Santa Maria delle Grazie, a probar suerte una vez más. Así que entre risas, nos fuimos caminando hasta el hotel, ¡no hay mejor forma de conocer la ciudad que a pie!

Atardecer. Viaje a Milán.

A mitad de camino, nos merecíamos un descanso. Habíamos comido un bocadillo y no habíamos parado de caminar, la cervecita era bien recibida. Nos sentamos en la primera terraza que encontramos alejada del centro y pedimos al camarero dos birras, per favore.

Cuando Clara preguntó cuánto costaban y el camarero contestó 16 eurazos, tuvo que volver a preguntar porque quizá se trataba de un malentendido con el idioma… Pero no, eran efectivamente 16€.

Lo que aquí escribo nunca podrá ser tan divertido ni surrealista como lo vivido… Clara, del cansancio, estalló en carcajadas mientras el hombre la miraba asustado como diciendo “estas no me van a pagar y ya he tirado las dos cañas”. Menos mal que una amiga me había contado que a partir de las siete los italianos toman el famoso Aperitivi. Consiste en pedir una bebida, a ellos les suelen gustar bastante los cocteles con champán y Aperol, que vale a partir de los 8€ y a cambio los bares te ofrecen bufé. Cuanto más cara es la bebida, más chic es el restaurante y más lujoso su bufé. ¡Acabamos tomando el Aperitivi como dos buenas italianas!

Al día siguiente, llegamos a las 8:10 am a la iglesia de Santa Maria delle Grazie ¡y ya había cola! Menos mal que conseguimos las entradas para poder ver el cuadro de La Última Cena. ¡Reto superado!

Nos dieron entrada para la hora de la comida, hasta entonces aprovechamos para ir a la gran Piazza del Duomo y ver por dentro la catedral.

Consejo: si vas al Duomo primera hora de la mañana, no encontrarás gente. A partir de las 10:00 las colas empiezan a ser kilométricas. Merece la pena el madrugón.

Esta espléndida catedral de mármol es el elemento más característico de Milán. Tardó cinco siglos en acabarse y es la tercera iglesia más grande del mundo, después de San Pedro en Roma y de la catedral de Sevilla.

El interior es increíble, pero su fachada es impresionante. El Duomo tiene más de 3000 estatuas, 96 gárgolas y 135 chapiteles; y en todo el centro se encuentra la Madonina dorada, allá en lo alto cuidando de la ciudad. Durante mucho tiempo fue el punto más alto, pues no dejaban construir nada que estuviera por encima de la Virgen María hasta que se levantó el rascacielos Pirelli en 1958.

Dentro del Doumo descubrirás multitud de tesoros, a nosotras nos impresionó la estatua de San Bartolomeo. Cuando la veas, fíjate por detrás de la estatua. Da muchísima grima… Realmente parece que al santo le han arrancado la piel de la carne y se la han puesto a modo de capa. ¡Muy gore!

Después de visitar la catedral por dentro, subimos hasta el tejado. Tienes dos opciones: o subir a pie los 165 escalones o subir en ascensor.

Consejo: a pie es muchísimo más rápido y económico. El ascensor es pequeño y caben cuatro gatos. En serio, no son tantas escaleras. 😉

Tejado del Duomo. Viaje a Milán.

Desde el tejado del Duomo. Viaje a Milán.

Tras salir del Duomo nos dimos una vuelta por las Galerías Vittorio Emanuele II, llamadas popularmente il salotto buono o la elegantísima sala de estar de la ciudad.

Galerías Vittorio Emanuele II. Viaje a Milán.

Cuando pasees por allí, verás en el suelo un toro y en sus testículos un agujero. Tienes que pisar con el talón en el agujero y dar tres vueltas hacia atrás, ¡tendrás suerte para toda la vida! No sé si será cierto, pero yo por si las moscas… Al atravesar toda la galería te toparás con el famoso Teatro de la Scala.

Galerías Vittorio Emanuele II. Viaje a Milán.

Llegaba la hora de ir a ver el cuadro de Leonardo, así que dejamos nuestro paseo por Piazza de Duomo y alrededores para encaminarnos a la basílica. Y cuando llegamos y lo vimos, entendimos porqué Da Vinci es Da Vinci.

Me resultó curioso ver el cuadro real, lo había visto multitud de veces en los libros de texto del colegio. La imagen de los libros nada tiene que ver con observarlo en persona, incluso si como yo, no eres un entendido del arte.

La Última Cena de Leonardo Da Vinci. Viaje a Milán.

Había sido un día duro, bien nos merecíamos un trozo de pizza y un buen helado italiano. ¿Después? A descansar. Ya mañana tendríamos mucho más por conocer.

Helado. Viaje a Milán.

Lago di Como

El tercer día lo dedicamos a ir de excursión al Lago Di Como. El famoso lago, con forma de Y invertida, descansa a la sombra de los nevados Alpes Réticos y entre montañas boscosas, con pequeños pueblos sacados de un cuento.

Lago Di Como. Viaje a Milán

Para llegar allí desde Milán, fuimos en tren (TreNord) desde la estación Cadorna a la parada Como Nord Lago. Si te bajas en esta estación, estarás justo en la orilla del lago desde donde se coge el barco.

De camino a Lago Di Como. Viaje a Milán.

Al subir al barco puedes optar por dos tipos de billete: uno con el que subir y bajar tantas veces como quieras en cada uno de los muelles que para y otro, más barato, que te lleva tan solo al pueblo que quieras visitar.

Hay muchos y muy bonitos, ¡o al menos eso parecía desde el barco! Como era una excursión de un solo día, decidimos visitar Bellagio por ser el más recomendado.

El viaje en barco hasta Bellagio son unas dos horas y media, ¡y tienes que estar muy atento para no perderte nada! Pasarás, por ejemplo, por Villa del Balbianello donde se rodaron escenas de Star Wars: el ataque de los clones y Casino Royale.

¿Os suena la imagen? Allí se casaron en secreto Padme y Anakin.

Villa del Balbianello. Viaje a Milán.

Cuando llegamos a Bellagio dimos una vuelta y luego decidimos que, con las vistas que nos ofrecía, tomaríamos nuestro Aperitivi casero en uno de los bancos que nos tenía preparados. ¡Esto sí son vacaciones!

Bellagio. Viaje a Milán.

Bellagio. Viaje a Milán.

Bellagio. Viaje a Milán.

Bellagio. Viaje a Milán.

Bellagio. Viaje a Milán.

Habiendo visto y disfrutado el pueblo, dimos por finalizada la excursión y volvimos a Milán. Llegamos hasta el barrio Navigli, el más animado, fiestero y juvenil de Milán. Entramos en Ricette Tricolori y degustamos una exquisita pizza al forno a legna, un plato de pasta (para los curiosos: Orecchiette integrali con cime di rape e próximo d’acciughe) regado con un vino de la Toscana. Nuestras carcajadas y preguntas varias hicieron coger confianza a la camarera, quien nos preguntó abiertamente que si estábamos embriagatas!!! OMG!!

Pizza al forno a legna. Viaje a Milán.

Pasta. Viaje a Milán.

El cuarto día lo destinamos a conocer el distrito de tiendas más famoso del mundo: Quadrilatero d’Oro. La verdad, no me impresionó mucho… Me recordaba a las calles de Serrano y Velázquez de Madrid. Me esperaba más glamour, imaginaba una pasarela de modelos por sus calles… Ya sé que es un pensamiento muy de turista, ¡pero es lo que soy! Al final, solo son tiendas de lujo frecuentadas por asiáticos como en el resto de Europa. ¿Será diferente el Quadrilatero d’Oro coincidiendo con una semana de la moda? No obstante, merece la pena darse una vuelta por el barrio y fijarse en las fachadas de las casas.

Más tarde, caminamos hasta el Castello Sforzesco, un castillo de ladrillo rojo que antaño fue la residencia de la dinastía Sforza, quienes gobernaron Milán durante el Renacimiento. Para nosotras, lo más curioso del castillo fue saber que sus defensas fueron diseñadas por Da Vinci.

Castello Sforzesco. Viaje a Milán.

Justo detrás del castillo, está el parque o Parco Sempione, lo que antes era el coto de caza de los duques de Sforza. Es aquí donde los milaneses se tumban en la hierba y dejan el tiempo pasar.

Al final del parque, se levanta el Arco della Pace de Napoleón. Marca el inicio del Corso Sempione, que une Milán con París. Irónicamente, el arco no está decorado con triunfos de Napoleón, sino con escenas de la batalla de Leipzig, donde el coronel fue derrotado.

Parco Sempione. Viaje a Milán.

Dando por concluida esta zona de la ciudad, nos dirigimos de nuevo a Navigli, el barrio más bohemio de Milán.

Conocimos la Basílica di San Lorenzo Maggiore, las Columnas romanas de San Lorenzo y la Basílica di Sant’Eustorgio, construida en el s.IV para albergar los huesos de los Reyes Magos, hoy destaca por el sarcófago de mármol blanco, el Arca de san Pedro mártir, dicen que es uno de los mejor tallados de Italia.

De camino, pasamos por uno de los edificios de la universidad. En realidad, es una universidad como otra cualquiera pero como había mucho jaleo, decidimos investigar.

Resulta que cuando un estudiante se saca el doctorado, en la ceremonia le colocan una corona de laurel. Nos pareció curioso y  muy acorde con la historia de Italia y del César. Habíamos visto días antes varias personas con coronas de laurel en diferentes puntos de la ciudad pero no sabíamos a qué se debía… ¡misterio resuelto!

Graduados. Viaje a Milán.

Graduados. Viaje a Milán.

Con todos los puntos de interés vistos, ya solo nos quedaba disfrutar de ese ambiente relajado y despreocupado del barrio Navigli. Recorrimos parte de los canales y nos sentamos en una terracita para darnos a la vida contemplativa. ¡Véase en la foto que Clara estaba más que encantada!

Barrio de Navigli. Viaje a Milán.

Para cenar, dimos cuatro pasos más hasta la trattoria La Tradizionale. Este restaurante es súper recomendable, no solo porque preparan las pizzas al horno y está genial de precio, sino que además los camareros son muy agradables. Eso sí, te aconsejamos no pedir el vino de la casa… Mejor decántate por uno de la carta. ¿Y de postre? ¡Dale al limoncello!

Pizza al forno a legna. Viaje a Milán.

Pizza al forno a legna. Viaje a Milán.

Limoncello. Viaje a Milán.

Verona

Al quinto día, cogimos el tren hasta la pequeña ciudad de Verona, capital de la región del Véneto.

Desde Milán, dependiendo del tipo de tren que cojas, se tarda entre una hora y media y dos horas y media. ¡Muy importante! Cuando compres los billetes y llegues al andén, valida el billete en las máquinas situadas al comienzo del andén.

Consejo: es recomendable que llegues pronto porque, aunque hay muchos trenes al día que te llevan hasta Verona, en los de menor clase puede que no cojas asiento y te toque ir todo el trayecto de pie.

Verona es conocida por ser la ciudad donde Romeo y Julieta vivieron un romance intenso y efímero.

No me extraña que Shakespeare se fijara en Verona para emplazar uno de sus dramas más románticos. A nosotras nos pareció una ciudad pequeñita y con mucho encanto. Si pudiéramos cambiar algo, sería la cantidad de gente que había, pero me temo que es algo inevitable en temporada alta.

Nada más llegar, caminando desde la estación, te toparás con la plaza más grande, llena de cafeterías, terrazas y vida. Es la Piazza Bra, donde se encuentra el anfiteatro Arena.

En esta plaza está la oficina de información y turismo, allí te podrás hacer con un buen mapa gratuito que te guíe y señale los puntos más importantes de Verona.

Piazza Bra de Verona. Viaje a Milán.

Piazza Bra de Verona. Viaje a Milán.

Piazza Bra de Verona. Viaje a Milán.

El Arena de Verona es el segundo anfiteatro romano más grande, por detrás del Coliseo de Roma. Se construyó en el siglo I d.C. y actualmente se usa para celebrar conciertos y demás eventos. Mi recomendación, si conoces el Coliseo, es que no entres. Desde mi punto de vista, no merece la pena y decepciona muchísimo porque en todo el centro está montado un escenario y rompe la estética del lugar. Pero solo es mi opinión, ya sabes, para opinar hay que conocer…

El Arena de Verona. Viaje a Milán.

Adentrándote en el pequeño casco histórico, pasarás por preciosas calles con casas de colores que te llevarán directo a la genial Piazza delle Erbe.

Calles de Verona. Viaje a Milán.

Es la plaza más antigua de Verona y en ella se encuentran la Torre dei Lamberti, la casa Mazzanti y el Palazzo del Comune, y por supuesto, preside el enclave la Madonna de Verona, que junto con Julieta, son las dos damas de la ciudad.

El ambiente de la plaza, su mercadillo, las terrazas, la música callejera y el sol, hacían que uno no se quisiera mover de allí.

Plaza antigua de Verona. Viaje a Milán.

Terraza en Plaza antigua de Verona. Viaje a Milán.

Y llegamos a la casa de Julieta o mejor dicho, a la supuesta casa de Julieta, pues no se tiene constancia de que existieran en realidad los personajes del libro y mucho menos de que hubiera un balcón. La cosa es que en la puerta de esta casa del siglo XII-XIII aparece la inscripción “Del Cappelo”. Se asoció este nombre con el de los Capuleto y la obra de Shakespeare se hizo tan famosa, que el dinero llamó a la puerta de la ciudad. Construyeron esta atracción simulando la casa de Julieta y en el XX añadieron el balcón para dar más credibilidad a la historia.

Nosotras ya habíamos leído esta “curiosidad” antes de ir, y aunque sea una pena enterarte de que todo es falso, si tienes una mente romántica empedernida sigue haciendo ilusión verlo, porque si vas a Verona este es un punto de obligada visita.

Balcón de Julieta en Verona. Viaje a Milán.

Antes de entrar al patio y ver la estatua de bronce de Julieta, pasarás por un pasadizo lleno firmas, declaraciones y notas de amor. Si quieres, ¡puedes dejar la tuya!

Casa de Julieta en Verona. Viaje a Milán.

Casa de Julieta en Verona. Viaje a Milán.

Tampoco olvides tocar el pecho derecho de Julieta, dicen que si lo tocas encontrarás el amor.

Estatua de Julieta en Verona. Viaje a Milán.

Acabamos nuestra visita en el puente de piedra que sube hacia la colina de San Pietro y de allí, directas a Milán. Nos esperaba la última cena no de Da Vinci, sino del viaje.

Pasta. Viaje a Milán.

Pizza al forno a legna. Viaje a Milán.

Bérgamo

El avión de vuelta lo cogíamos en Bérgamo Orio Al Serio. Aprovechamos la circunstancia para hacer una visita exprés a la ciudad.

Bérgamo se divide en dos partes: la Cittá Alta y la Cittá Bassa. La parte alta conforma uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Lombardía, por el contrario, la parte baja ha evolucionado con el paso del tiempo y es donde se desarrolla el día a día de la ciudad.

Para subir a la Cittá Alta es recomendable coger el funicular, que atraviesa las grandes murallas vénetas.

Consejo: no hace falta que compres un billete a mayores para el funicular, te vale con el ticket del bus. Desde que validas el billete, tienes 75 minutos para usar el transporte público de la ciudad, y el funicular entra con ese mismo billete.

Una vez arriba, camina por sus estrechas calles de piedra y adéntrate en el medievo.

Calles de Bérgamo. Viaje a Milán.

Comenzamos recorriendo una de las arterias principales del casco, Vías Gombito. Aquí encontrarás numerosas pastelerías donde probar la famosa Polenta e osei, el postre típico de Bérgamo. Es un bizcocho relleno con pasta de avellanas, mantequilla, chocolate blanco y ron que a nosotras, para ser sinceras, no nos gustó nada.

Polenta en Bérgamo. Viaje a Milán.

Más adelante te toparás con la chulísima Piazza Vecchia con su Palazzo della Ragione, el Palazzo del Podestà y la Torre Cívica o Campanone, donde al parecer (nosotras no llegamos a escucharlo) a las diez de la noche suena la campana, antiguamente indicaba el cierre de las murallas.

Piazza Vecchia de Bérgamo. Viaje a Milán.

Destacamos también la Piazza del Duomo donde conocerás la Basílica Santa María Maggiore, la Cappella Colleoni y, por supuesto, el duomo de Bérgamo.

Poco más te contaremos de Bérgamo, excepto recomendarte que si coges el avión en Orio Al Serio, merece verdaderamente la pena darse una vuelta por la parte alta de la ciudad.

Terraza en Bérgamo. Viaje a Milán.

Así termina nuestro viaje, un destino que me ha gustado mucho más de lo esperado. No solo porque Milán me haya sorprendido para bien (las opiniones que encontré entre familiares, amigos y conocidos no eran muy favorables), ni porque me haya gustado muchísimo Lago di Como y Verona, sino por la compañía. Este viaje ha sido genial por compartirlo con Clara.

Viaje a Milán

Hoja de ruta:
1.Madrid-Milán
2.Milán
3.Lago di Como
4.Milán
5.Verona
6.Milán-Bérgamo-Madrid