Viaje a Rusia: Moscú y San Petersburgo

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San Basilio, Plaza Roja, Moscú
Quiero viajar en agosto y no morir de calor en el intento. ¡Deseo concedido! Nos vamos a Rusia. No se hable más.

Bueno…Eso de que no se hable más no es del todo cierto porque el consulado sí tiene algo que decir. Tendrás muy buenas intenciones pero sin visado no entras y para conseguirlo necesitas casi un milagro. ¡Ojo! ¡Que este pequeño problema no suponga quedarte en casa! De verdad, una vez termina el calvario del visado, el viaje es una auténtica pasada. ¿Que lo ves muy complicado? Nada, que el mundo está lleno de negocios y una agencia por un módico precio te tramita los papeles sin tener que mover un solo dedo.

Pongamos el caso de que recurres a la paciencia del Santo Job, la paciencia más económica. En ese caso, entra en el enlace, rellena el formulario y preséntate con todo en la dirección indicada. Recuerda que junto con el formulario, debes llevar el seguro de asistencia en viaje, una fotografía tamaño carnet, pasaporte, dinero y la Visa Support expedida por los hoteles donde te vayas a alojar. A priori leyéndome te parecerá pan comido. Cuando pases el infierno, acuérdate de escribirme un comentario en el blog contándome tu gran experiencia. 😉

Consigue tu visado aquí.

Planea este viaje con antelación porque solo en tramitar el visado sin carácter urgente tardan unos 10 días.

Si vas a ir a más de un hotel, habla con ellos y pídeles que en la Visa Support te incluyan el resto de hoteles reservados. No en todos lo hacen pero, si consigues que uno de ellos acceda, ahorrarás dinero y solo pagarás una Visa Support en lugar de una por cada hotel donde te hospedes.

Y llegó el momento. Ese en el que haces las maletas, te levantas a las tres de la mañana y coges un avión. ¡Madrugar nunca fue tan fácil!

MOSCÚ

En primer lugar visitamos la capital, llena de gente, de distancias kilométricas y de vodka, por supuesto.

Nos levantamos a primera hora y no sabíamos ni dónde comprar un café, ¡y mucho menos si todos los carteles están en cirílico! Así que no te sorprenderás cuando veas lo que nosotros llamamos “comer con vistas” que viene siendo básicamente comprar en un supermercado y llenar el estómago observando a los viandantes, un monumento o un buen paisaje. Y encima, ¿sabes qué? Debíamos ser tan interesantes que los asiáticos, que siempre hacen fotos a todo, nos sacaban instantáneas con descaro como si fuésemos parte histórica de Moscú.

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Plaza Roja

Tras reponer fuerzas, llegamos al corazón de la capital: la Plaza Roja. En esta gigantesca plaza encontrarás la mítica iglesia San Basilio, el Kremlin, el mausoleo de Lenin y las galerías GUM.
Es curioso porque el nombre de Plaza Roja no proviene del color de los ladrillos que la rodean,tampoco del color del comunismo, sino de la palabra Krásnaya que en ruso antiguosignifica “bonita”.

Probablemente de un vistazo, lo primero que veas sea San Basilio El Beato, la más fotografiada en Moscú. Es una catedral inconfundible por sus colores vivos y sus ocho cúpulas de bulbo. Cada turbante es una mini capilla dedicada al Santo. Cuenta la leyenda que el zar Iván El Terrible mandó sacar los ojos al arquitecto jefe para que nunca más pudiera volver a construir nada tan espectacular. Tiene pinta de que solo son cuentos pues Póstnik construyó a posteriori otras obras.

A la entrada de la catedral verás el monumento a Minin y Pozarski, héroes de guerra. Antes la estatua estaba en el centro de la plaza, los comunistas la movieron de sitio y desde entonces, se dice que la mano de uno de ellos apunta el lugar exacto donde debería estar colocado el monumento.

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A continuación, te llamará la atención una pirámide bajita. ¡Es el mausoleo de Lenin! Deberás entrar en absoluto silencio. En penumbras y durante un minuto podrás conocer al principal dirigente de la Revolución de Octubre de 1917. La pirámide truncada de granito rojo que guarda los restos del líder de la Revolución es de los pocos ejemplos que quedan del constructivismo ruso, estilo que solo fue posible durante los primeros años pos revolucionarios en los que se permitió cierta libertad artística. Detrás del mausoleo se encuentran tumbas con restos de personajes tan importantes como el queridísimo astronauta Yuri Gagarin o como Stalin.

Terminamos nuestro recorrido en la Plaza Roja en los antiguos Almacenes Generales del Estado. Allí, en las galerías GUM podrás comprar cualquier artículo de lujo, disfrutar de un helado o ir al baño sin tener que pagar. 😉

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En los alrededores de la Plaza Roja está el Kilómetro Cero, donde es costumbre colocarse en el centro y echar una moneda al suelo mientras pides un deseo. En cuestión de segundos verás como una mujer,que merodea por allí mañana, tarde y noche, recoge tu moneda. ¡Su cartera debe estar llena los sueños de miles de turistas!

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Si giras a la derecha, pasearás por los elegantes jardines Aleksandrovski y verás la tumba al soldado desconocido. Es allí, en los mismos jardines, donde se compra la entrada al Kremlin.

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El Kremlin

Es la ciudadela, el corazón de Moscú construido por los zares. En él podrás conocer la Armería, que conserva entre otros cientos de cosaslos famosos huevos Fabergé;diversas catedrales como la de la Asunción donde eran coronados los zares; el campanario de Iván El Terrible donde nunca se pudo colocar la campana Zarina, la más grande del mundo y la menos útil pues jamás pudo repicar. Descubrirás las torres, el senado, el arsenal, el gran palacio del Kremlin y el zar de los cañones, también el más grande del mundo y el más inservible. Nunca se disparó.

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Si compras la entrada a primera hora de la mañana, tendrás tiempo para visitar algo más, sino reserva un día para conocer el Kremlin.

Al comprar las entradas verás que en la parte superior de las taquillas te indica una zona a visitar. Se paga por cada cosa que se desea conocer. Haz solo una cola porque en la taquilla podrás adquirir los tiquets para cualquier zona.

Fíjate bien en las entradas porque algunas zonas hay que visitarlas a la hora que indica la entrada. La taquillera no te lo dirá porque solo te vende el billete y, en nuestro caso, solo hablaba ruso. Como nosotros no sabíamos el tema horarios, visitamos a nuestro aire. Cuando llegamos al campanario y vimos que en la puerta colgaba un cartel explicándolo en inglés nos dimos cuenta del fallo y decidimos hacernos los suecos. Tuvimos suerte pues el ruso de la entrada estaba de buen humor (cosa que no suele suceder) y nos dejó pasar en la visita siguiente a pesar de tener la hora anterior. Tú no te arriesgues. 😉

Al oeste y suroeste de la Plaza Roja está el barrio más antiguo: Kitai Gorod. No te olvides de pasear por las calles Ilinka, Nikolskaia y Varvarka, la más corta de Moscú.

La parte oriental y septentrional del Kremlin está conformada por grandes bulevares. Si los recorres, te cruzarás con la estatua de Dostoievski y la biblioteca central, que en realidad es un palacio que alberga una de las bibliotecas más grandes del mundo. Verás la plaza teatral o Teatralnaia coronada por el teatro Bolshoi, el más célebre para el mundo del ballet. Un poco más arriba llegarás a la plaza Lubianka, una plaza que en otros tiempos producía terror, pues allí se encuentra el edificio de la KGB desde donde dicen, se ve Siberia. Es un chiste ruso. A Siberia era donde enviaban a la gente. También podía incluirse en el expediente del acusado las palabras “sin derecho a escribir cartas” que venía a ser lo mismo que pena de muerte.

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No te puedes perder la catedral de Cristo el Salvador. Si vas durante un oficio religioso, comprobarás que los hombres deben ir en pantalón largo y las mujeres con pañuelo en la cabeza y en vestido o falda que cubra al menos hasta la rodilla. Nos sorprendió que la ceremonia se celebra todo el rato de pie.

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Seas hombre o mujer lleva pantalón largo. A Diego por llevar un pantalón por la rodilla no le dejaron entrar y tuvimos que volver al día siguiente. Por respeto, si eres mujer y llevas un pañuelo en la mochila para esta catedral y para el resto, mucho mejor. Irás mucho más tranquila.

Calle Arbat y Nueva Arbat

No te olvides de pasear por la calle peatonal Arbat, la preferida por los moscovitas y su calle paralela: Nueva Arbat, donde podrás ver de cerca uno de los siete gemelos. Los siete gemelos son siete edificios súper parecidos que bordean el anillo de metro moscovita, construidos por Stalin para demostrar el vigor y poderío del comunismo.

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Monasterio Novodevichi

Coge el metro hasta Sportivnaia y conoce en Park Kultury la “charca” donde se inspiró Chaikovski para componer El Lago de los Cisnes. Resulta curioso porque la pieza es preciosa y sin embargo, el lago no está demasiado limpio ni se ve ave alguna.

Allí encontrarás el Monasterio Novodievichi o Nuevo Convento de las Muchachas, lugar de reclusión de las mujeres de los nobles rusos que por haber puesto en peligro la integridad del zar Iván El Terrible, lo habían pagado con su vida. Detrás del monasterio se encuentra el cementerio donde descansan, entre otros, grandes celebridades como Chejov o Gogol.

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El Metro, el palacio del pueblo

Tendrás que coger el metro sí o sí para visitar la ciudad. Lo genial es que el metro en sí es parte de la historia y un punto turístico muy importante.

Tras descender unas escaleras mecánicas interminables (60-70 metros de profundidad) y pasar al lado de la cabina donde ancianas te vigilan pacientemente, disfrutarás de estaciones que son auténticas obras de arte.

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Se crearon en la época estalinista con un significado y un propósito muy claro. Una arquitectura propagandista construida con materiales nobles, como el mármol. El metro es “el palacio del pueblo”: el obrero camino del trabajo disfruta del arte.

Un arte muy bien pensado porque en él verás banderas revolucionarias a diestro y siniestro, la hoz en cuadros, paredes, cenefas y respiraderos, a Lenin en mosaico, en estatua o en vidriera, a hombres, mujeres y niños trabajando y luchando por la Revolución. ¡Esto sí que es publicidad subliminal!

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Me resultó curioso ver cómo los anuncios publicitarios, inconcebibles en la época comunista, solo se encuentran en las bocas de metro o en escaleras mecánicas, ya que las estaciones conservan la magnífica decoración estalinista.
No te vayas sin conocer:

    — Arbatskaya
    — Ploschad Revolutski. En esta estación observa cuando los moscovitas bajen o suban al metro, como todos sin excepción tocan el hocico del perro que acompaña al soldado.

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    — Tretyakovskaya
    — Novokuznetskaya
    — Klyevskaya: la estación de la línea 4 no merece la pena. Sin embargo en la línea 3 y 5 encontrarás el mosaico de Lenin, entre otras cosas.
    — Beloruusskaya
    — Mayakovskaya
    — Komsomolskaya

En Moscú para moverte por la ciudad compra billetes de metro de un día entero o de tres días. Sale más económico. Solo se pueden comprar en taquilla, no en máquina.

Hasta aquí lo más importante para visitar en Moscú. Solo permíteme recomendarte dos cosas más:

1. Para ir de compras, en especial Matrioshkas, las típicas muñecas de madera pintadas a mano que se abren a la mitad para encontrar en su interior otra Matrioshka más pequeña, te recomiendo ir al mercado de Izmailovo. Abren sábados y domingos. Se llena de puestos donde se venden desde souvenirs hasta objetos de la guerra, de la época comunista o cosas de segunda mano. Es la Rusia que se vende y donde regatear es todo un arte.

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2. Si tienes tiempo, reserva unas horas para ver danza tradicional rusa. Las entradas se compran en los puestos que encontrarás en muchas estaciones de metro. Es muy posible que la taquillera no sepa inglés, pero los signos, la paciencia y una gran sonrisa harán que consigas ver ese baile tan imposible de imitar y tan divertido a la vez. Casatschok!

Súzdal

Normalmente para visitar Moscú y San Petersburgo se planifica un viaje de 8 días más o menos. Nosotros esta vez pudimos disponer de un par más, así que decidimos sobre la marcha dedicar uno de los días de Moscú a alejarnos de la gran ciudad para conocer la Rusia rural.

No teníamos ni idea de cómo llegar a Súzdal y como ni en estaciones de metro, de tren o bus hablan inglés [Ni cualquier otro idioma que no sea ruso. Perdona que insista tanto con este tema, pero es que nunca me había sentido tan incomunicada. ¡Con lo que me gusta hablar!], fuimos a preguntar en el hotel. Algún empleado podría echarnos un cable.

Estuvimos media hora con la recepcionista averiguando los horarios de ida y vuelta, los precios, dónde coger el bus que nos llevara al pueblo… y cuando se nos despejaron casi todas las dudas, nos despedimos y en lugar de desearnos buenas noches, ¡nos desea buena suerte! No le dimos importancia, hasta que llegamos a Súzdal…

Esa noche dormimos apenas seis horas y nos levantamos para poder coger el primer bus y aprovechar al máximo. Llegamos a una estación al norte de Moscú, abandonada de la mano de Dios, y compramos los billetes de ida. La vuelta, nos comentó por gestos la taquillera, se compraba en el mismo Súzdal. Montamos en un cacharro del año de la polca y… ¡¡¡para un viaje de 220 kilómetros tardamos 7 horas en llegar!!! No, no estoy exagerando. La carretera era de doble sentido, había obras y un atasco de 7 horas.

Con todo y con eso, el conductor que tenía un carácter más agrio que un limón, nos dejó abandonados en la carretera junto a otro turista (creemos que era turista pero tenía pinta de chiflado y estaba tan perplejo como nosotros), con un gesto osco nos señaló que la cruzáramos, metió primera y nunca más se supo.

Por fin llegamos a la estación de Súzdal y aquí sí señores, llegó la desesperación absoluta.
Nos dirigimos a comprar los billetes de vuelta para no quedarnos sin ellos y una vez más nos topamos con la dificultad de encontrar que nadie hablaba inglés, ni francés, ni alemán, ni español, sólo ruso. Debí poner una cara tan agradable que la taquillera a gritos consiguió que nos ayudara otra señora que con un inglés rudimentario (pero muy agradecido), nos comentó que no había billetes ni para ese día, ni para el siguiente, ni para toda la semana. WHAT!!!???

Cogimos el único billete posible. Uno que salía en tres horas a la ciudad de Vladimir y desde allí, dijo, podíamos coger un tren a Moscú. Billete que, una vez más, solo se compraba desde la estación de Vladimir.

De perdidos al río. Habíamos conseguido llegar a Súzdal y teníamos tres horas para conocerlo. Luego ya se vería si llegábamos a Moscú o no. Eso sí, nos estuvimos acordando de la buena suerte de la recepcionista todo el día.

La verdad, la aventura mereció la pena. El pueblo era precioso ¡y ahora tenemos una anécdota más para contar!

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No había edificios, todo eran casitas con la fachada de madera y cenefas, también de madera, curiosas pero un tanto horteras decorando el marco de cada ventana. En el pueblo había no menos de diez iglesias y excepto en el mercado de la plaza, te acompañaban la calma y la tranquilidad.

Llaman a Súzdal la Ciudad Museo y no me extraña.

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Era muy curioso porque en general en toda Rusia comen pepinos (refiriéndome a la verdura) como si de cacahuetes o aceitunas se tratara. En la capital este hecho pasaba más desapercibido pero en el mercadillo de Súzdal se hizo muy patente. Aprovecho para contaros que en el súper había Lays sabor pepino y no, no estaban buenas.

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La aventura acabó genial. Descubrimos Súzdal, llegamos a Vladimir y por los pelos al tren que agotados,nos dejó en nuestro querido hotel moscovita.

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No te pierdas Súzdal si tienes tiempo de ver la Rusia rural peeeero… Tanto la ida como la vuelta hazla en tren hasta Vladimir y en Vladimir coge un bus hasta Súzdal. Nuestra aventura estuvo bien, pero no queremos que tú pierdas el tiempo 😉

Se acaban los días en Moscú y ponemos rumbo a San Petersburgo. Hay muchas formas de llegar hasta la ciudad de Pedro I el Grande y sin duda la mejor es disfrutando del Flecha Roja.

El tren nocturno Krasnaia Strela conecta las dos ciudades más importantes de Rusia en una estrictísima línea recta (650 kilómetros). En la época del zar tenía tan solo una curva en el kilómetro 17, donde cuenta la leyenda que cuando el Zar Nicolás I dibujó con una regla la línea del ferrocarril sobre el mapa, el lápiz tropezó con su dedo dejando una pequeña curva en el trayecto. ¡A ver qué ingeniero se atrevía a contradecir al zar!

La experiencia de pasar una noche en el tren de Anastasia ¡es cómoda y genial!

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Los billetes de tren se pueden comprar por Internet 45 días antes de la fecha en que tengas planeado coger el Flecha Roja. Nosotros seguimos las sencillas instrucciones de este blog. Nos fueron de gran ayuda. Conste que si no eres previsor, puede que te quedes sin montar en el tren. ¡Los billetes vuelan más que el avión!

SAN PETERSBURGO

A las 07:50 de la mañana pisamos por primera vez Píter, así la llaman con cariño sus habitantes. Nos ubicamos y llegamos hasta el “hotel”. Booking andaba un poco despistado vendiéndonos un supuesto hotel que en realidad era una casa con tres habitaciones, sin recepción. Relación calidad-precio salió caro pero el lugar era limpio y para dormir no necesitábamos más.

San Petersburgo es la ciudad del paseante, lleno de canales y puentes que sortean el río Neva. La llaman la Venecia del Norte y está mucho más europeizada que la capital.

Primero visitamos la fortaleza de Pedro y Pablo, que además de fortaleza era la cárcel política zarista y actualmente, el panteón de los zares rusos.

Cuando Pedro el Grande decidió fundar Píter, mandó construirla fortaleza en forma de estrella para defender la salida del mar Báltico. El edificarla tan inteligentemente haciéndola inexpugnable se volvió en contra de los propios zares cuando la tropa se sublevó proporcionando armamento a las masas y transmitiendo al crucero Aurora que atacara el Palacio de Invierno.

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¡Curiosidad! El águila bicéfala es el escudo del Imperio Ruso. Dicen que una mira a oriente y otra a occidente para dominar con superioridad. También se comenta que una mira hacia lo infinito del pasado y otra hacia lo infinito del futuro. Juntas muestran que el presente es apenas una fina línea de contacto entre dos eternidades. Wow! ¡Qué poético!

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En la fortaleza, la Isla de las Liebres, está la controvertida estatua de Pedro el Grande, donde Mijail Shemyanka representó al zar con una cabeza enana y unos brazos y dedos extremadamente alargados. En mi opinión, lo hizo a posta porque esos dedos no son normales.

Y llegamos al increíble Palacio de Invierno, mundialmente conocido como el Ermitage. Reconozco que no soy mucho de museos pero este es una alucinante. Necesitarás un día entero para conocerlo por encima, muy por encima.

Entrarás por la plaza Dvorcovaia, uno de los lugares más importantes de la historia de Rusia. Fue el escenario de los movimientos revolucionarios contra los zares. Todos fracasados con la descarga de fusiles zaristas hasta octubre de 1917.

En el centro de la plaza se encuentra la columna conmemorativa de la victoria rusa contra las tropas Napoleónicas, quienes en realidad contra lo que no pudieron fue contra el frío.

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Si tienes la tarjeta de estudiante, enséñala en todas las taquillas a lo largo de tu viaje. Ahorrarás muchísimo. Y en concreto, en el Ermitage, entras gratis. Si compras las entradas por Internet ganarás tiempo sin sufrir una cola larga, muy larga.

El Ermitage es uno de los museos más importantes del mundo. Posee más de 1.000 habitaciones a las que se acceden por más de 117 escaleras. Cuando los revolucionarios entraron en el Palacio para matar a los zares y a su corte, tardaron horas en darles caza. Y allí, ¿quién no?

En el museo podrás conocer in situ obras de cientos y miles de artistas, entre ellas, de Da Vinci, de Miguel Ángel, de Rembrandt, de Velázquez, de El Greco…pero no solo las descubrirás sin más, sino que las disfrutarás en un entrono palaciego, ostentoso y cuanto menos, deslumbrante.

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Si te gustó el Palacio de Invierno, espera a ver el de verano. Como me dijo mi padre: “comprenderás porqué cortaron la cabeza a los zares”. Y Peterhof es un ejemplo espléndido ¡que no te puedes perder!

Para visitarlo, puedes contratar una excursión (esta es la opción más cara) o puedes ir por libre. Te recomiendo la segunda porque es sencillo llegar en bus urbano y te ahorras unos 25 euros.

Colócate en el lado contrario al conductor en el bus para poder ver el Palacio de Constantino antes de llegar a Peterhof. En Peterhof solo merece la pena pagar por visitar los jardines y el Gran Palacio.

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Llaman a Peterhof el Versalles Ruso, sus interiores son impresionantes, sus cuidados jardines están llenos de detalles y fuentes, y la Gran Cascada va desde el palacio hasta el mar Báltico.

La misma grandiosidad la encontrarás en el palacio de Catalina o palacio Pushkin. La zarina mandó construir un edificio barroco de un kilómetro de longitud para impresionar a delegaciones diplomáticas.

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Alrededor del palacio, los zares disponían de un parque de nada menos que de 600 hectáreas con pabellones, salas de conciertos, galerías, puentes (uno de ellos de mármol), baños turcos… Y un lago en cuyo centro hay gran columna desde la que los músicos tocaban mientras Catalina navegaba tranquilamente en una pequeña barca de estilo holandés. Casi nada…

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Volviendo al centro de San Petersburgo, al pasear por el margen izquierdo del Neva encontrarás la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada. Una preciosa iglesia que en tiempos de los soviets se convirtió en almacén de patatas.

Se construyó en el lugar donde murió el zar Alejandro II. Le tiraron una primera bomba que no le alcanzó, pero con la que sí consiguieron herir a mucha gente. El zar intentó ayudar a los heridos mientras llegaba la segunda bomba que acabaría con su vida.

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Cerca de la iglesia se encuentra el Jardín de Verano de estilo versallés y el Campo de Marte.

Recorriendo la calle Nevski toparás con el puente Anichkov, varios palacios como el de Razumovski o el de Strogonov, creador de la salsa que lleva su nombre, y con la Catedral de Kazán, que guarda cierto parecido (muy pequeño en mi opinión) con el Vaticano.

A unos metros del Palacio de Invierno está el Almirantazgo, El Caballero de Bronce (una de las estatuas más queridas por los petersburgueses) y la Catedral de San Isaac donde puedes subir a la cúpula para observar San Petersburgo desde las alturas.

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Si cruzas el puente que está frente a la catedral, llegarás a isla Vasílievskiy donde se encuentra la Bolsa, el palacio Menshikov, el embarcadero de las esfinges… Frente a la Bolsa verás el malecón de granito y las columnas rostrales, que conmemoran las victorias navales rusas. ¡Aquí quería yo llegar! Esta zona la frecuentan parejas de recién casados. Con el traje de novios, vienen en limusina acompañados de sus amigos. Bajan hasta la ribera del Neva, beben champán y rompen las copas en una de las barandillas de mármol. Lo leí en la guía, y tuvimos la suerte de comprobarlo en persona. ¡Mira!

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Acabamos la tarde que dio paso a la noche y sacamos energías para conocerla ciudad envuelta en la oscuridad. Te resultará romántica y un tanto enigmática.

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Ojo con los puentes porque hay 22 levadizos. Se levantan sobre las dos de la mañana y no se pueden volver a usar hasta las 5-6 de la mañana. ¡A ver si te quedas sin cruzar!

La gastronomía rusa

Pectopah, significa restaurante.

Hay muchos y muy diversos, como en todos los sitios. Pero en Rusia se lleva más eso de comer una empanadilla dulce o salada por la calle, una salchicha envuelta en una especie de croissant y beber a todas horas Kvass. Por la noche vodka, ¡eso seguro! Existen unas 800 marcas de vodka ruso.

Si vas a comprar alcohol has de saber que en el supermercado solo se vende hasta las 10 de la noche. En el resto de locales lo podrás comprar, pero te abrirán la botella para que, en principio, lo consumas allí. A partir de las 11 está prohibido beber en la calle. Por eso no te sorprenderá ver a jóvenes y mayores bebiendo a las ocho o nueve de la noche.

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Del clima les viene el tomar sopa en cualquier comida. Es un plato fundamental que suele ser un estofado de verdura con algo de carne. La más común es esta sopa ucraniana: el Borsch.

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No nos olvidemos de la ensaladilla rusa, plato de acompañamiento. Para mí lo curioso ¡es que es rusa de verdad! Hay muchos tipos pero todas con verduras que aguantan el duro invierno: patata, remolacha, zanahoria, repollo…

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Por último, la carne Strogonov. Cuenta la leyenda que fue Strogonov quien inventó esta salsa, pues una noche llegaron a su palacio más invitados de la cuenta. No tenía suficiente carne, así que cortó la carne en trozos pequeños y la bañó en esta salsa para poder dar de cenar a todos sus invitados, quienes quedaron muy satisfechos.

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Sin duda, la mejor forma de conocer la Venecia del Norte es cogiendo un barco para surcar el río Neva entre canales, pasear por los bulevares y disfrutar del ritmo de sus calles.
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En barco por San Petersburgo

El Ermitage. San Petersburgo.

Déjate llevar por el cirílico y descubre un país muy peculiar. ¿Pensando ya en tu próximo destino?

Hoja de ruta
1. Moscú
2. Moscú
3. Suzdal
4. Moscú
5. Moscú-Flecha Roja
6. San Petersburgo
7. San Petersburgo
8. San Petersburgo-Peterhof
9. San Petersburgo – Pushkin
10. San Petersburgo