Viaje a Viena

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Viaje a Viena

Caía muy bien el puente de la Constitución, teníamos un par de días libres, había muchísimas ganas de un respiro… ¡todo cuadraba para conocer Viena!

Cogimos el avión e iba hasta los topes. Tanto, que bajaron nuestras mochilas a la bodega en lugar de dejarnos meterlas en cabina. Cuando llegamos… ¡Sorpresa! ¡No teníamos mochilas! Ni mochilas ni nada de nada, íbamos con lo puesto.

Tras la reclamación, la aerolínea nos dio un neceser de supervivencia y ale, ¡a descubrir la ciudad con menos tantos grados y sin maleta!

Viaje a Viena

Llegamos al hotel cogiendo el tren S7. Es la forma más barata de llegar del aeropuerto al centro. Tarda unos 40 minutos.

Consejo: Viena se puede conocer en 3-4 días, pero ten en cuenta que si vas en invierno, el frío ralentiza. Estuvimos 5 días, no nos faltó nada por conocer y pudimos hacer tantas paradas como nos hicieron falta para entrar en calor.

Desde Karlskirche al Belvedere

El primer día comenzamos conociendo la zona de Karlskirche al Belvedere. Bajamos en metro hasta Karlslplatz y empezamos la ruta viendo los pabellones de Otto Wagner, la sala de conciertos Musikverein, la escuela de élite Theresianum que fundó la emperatriz María Teresa para educar a la aristocracia, y la iglesia Karlskirche.

Pabellón Otto Wagner. Viaje a Viena.

Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena

Justo delante de esta iglesia barroca, descubrimos el primero de los muchísimos mercadillos navideños en los que estuvimos durante el viaje. A esas horas de la mañana, los puestos estaban cerrados, pero los niños se lo pasaban bomba con los cabritillos y la paja del belén.

Frente a la Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena

Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena.

Frente a la Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena.

Consejo: no merece demasiado la pena pagar por entrar a ver Karlskirche. Pudimos ver la iglesia durante una eucaristía sin pagar entrada. Si sientes curiosidad, aprovecha el tiempo de culto.

Y llegamos a uno de los puntos principales: los palacios superior e inferior del Belvedere.

Palacio Belbedere. Viaje a Viena.

Palacio Belbedere. Viaje a Viena

Primero paseamos por su jardín francés recorriendo por fuera los palacios de verano que construyó el príncipe Eugenio de Saboya para celebrar victoria sobre los turcos en 1683.

Necesitábamos recargar pilas para verlos por dentro, así que nos acercamos al mercadillo navideño situado justo detrás del palacio superior. Degustamos la primera Frankfurter acompañada de una taza de Glühwein, un vino caliente con especias muy típico en países del norte de Europa para combatir el frío en los días más gélidos.

Mercadillo navideño con vino caliente. Viaje a Viena.

Más tarde, compramos el ticket combinado y comenzamos conociendo el palacio inferior del Belvedere y la Orangerie, para luego dar paso al palacio superior e impresionarnos, entre otras cosas, con la Escalinata, el Salón de Mármol y, por supuesto, con la obra de El Beso de Gustav Klimt. Me hizo ilusión ver el cuadro porque lo había visto mogollón de veces en pelis, libros… y verlo en directo mola más.

Palacio Belbedere. Viaje a Viena

Palacio Belbedere. Viaje a Viena.

Mercadillo navideño en Palacio Belbedere. Viaje a Viena.

Salimos del Belvedere y ya era noche cerrada. Acabamos el recorrido en el Monumento a la Liberación, un recuerdo a la época de postguerra, de cuando Viena estaba ocupada por las cuatro potencias Aliadas. Esa plaza pertenecía a la zona rusa, en su día se llamaba Stalinplatz y nos recordó mucho nuestro viaje a Rusia pues en el monumento se ven los símbolos comunistas que ves por doquier en Moscú.

Al volver, entramos ¡en una iglesia polaca! No pongo las exclamaciones porque fuera una iglesia polaca, sino porque lo que picó nuestra curiosidad fue el ruido que emanaba de la iglesia. Resulta que estaban en misa, a rebosar de gente, y había unas pantallas gigantes donde aparecía la letra de las canciones, estilo karaoke. Normal que hubiera tanto jaleo dentro y fuera de la iglesia, ¡todo el mundo cantaba!

Al poco, nos acercamos para ver los puestecillos del mercadillo de Karkskirche (el que por la mañana estaba cerrado) y compartir con los vieneses el ambiente navideño que se respira en toda la ciudad.

Consejo: Los mercadillos empiezan a tener vidilla a partir de las 4:30 de la tarde, cuando cae la noche.

Mercadillo navideño al lado de la Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena.

Mercadillo navideño al lado de la Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena.

Mercadillo navideño al lado de la Iglesia Karlskirche. Viaje a Viena

Hacía un frío qu’escarabaya’l pelleyu” (refrán asturiano) y no podía con las manos, que literalmente estaban congeladas, así que hicimos una paradita en el primer sitio que encontramos para entrar en calor. Aprovechamos el descanso para ver si había algún avance con nuestras mochilas y… ¡Qué alegría nos llevamos al descubrir que ya estaban en el hotel! ¡Esto había que celebrarlo probando la famosísima tarta Sacher!

Está cubierta con una capa de mermelada de albaricoque sobre la que se vierte otra de chocolate y aunque en todos los libros de cocina aparece la receta, la original sigue siendo un secreto.

Tarta Sacher. Viaje a Viena.

Los austriacos son famosos por sus tartas y cafés. De hecho, hay tantos dulces por probar y cafeterías impresionantes que visitar, que parar a degustar una es la opción perfecta para descansar y entrar en calor.

Se toman tan en serio los postres que, en concreto con la tarta Sacher, dos famosos pasteleros se enfrentaron legalmente para que un juez dictaminase quién tenía la auténtica receta de la Sachertorte. Se reconoció la autoría a Franz Sacher.

Fuimos a la cafetería del Hotel Sacher, el único lugar donde puede probarse la que dicen que es “la Original” pues allí era donde Franz Sacher horneaba su maravilloso postre. Cuenta la historia que la creación de esta tarta fue pura casualidad. En 1832 el chef de cocina de la corte del príncipe Metternich se puso enfermo y su aprendiz de cocina, Franz Sacher, tuvo que hacerse cargo de una importante cena con invitados et voilá! nació la Sachertorte.

Zona del Ayuntamiento y MuseumsQuartier

El segundo día comenzamos nuestro recorrido por la zona que rodea el Ayuntamiento vienés. Vimos (por fuera) el Museo de Bellas Artes y justo frente a él, el Museo de Historia Natural. También el MuseumsQuartier, que son las antiguas caballerizas imperiales ahora transformadas en el Barrio de los Museos, y el Parlamento donde se proclamó la primera República de Austria en 1918, todo ello caminando por Ringstrasse, la que dicen que es la avenida más elegante de Viena.

Museo de Historia Natural. Viaje a Viena

Parlamento. Viaje a Viena.

Seguramente has oído decir una y mil veces “Viena, la ciudad imperial” y es que en 1875, el emperador Francisco José I ordenó que tirasen los bastiones medievales para comenzar a construir suntuosos edificios otorgando a Viena su aspecto imperial. La nobleza siguió el ejemplo del emperador y construyó palacios cerca de esta avenida, por eso, cuando caminas por Viena, toda ella parece imperial.

Ringstrasse. Viaje a Viena.

Y llegamos al Ayuntamiento. En la plaza que se extiende justo debajo también había un precioso mercadillo navideño con pista de patinaje y otros juegos para niños.

Ayuntamiento. Viaje a Viena.

Mercadillo navideño en Ayuntamiento. Viaje a Viena.

Ayuntamiento. Viaje a Viena

Mercadillo navideño en Ayuntamiento. Viaje a Viena

A continuación, pasamos a conocer por fuera el Volkstheater y la zona peatonal de Spittelberg para descubrir la siguiente área de la ciudad.

Zona de la Ópera y Naschmarkt

La ópera, que ya habíamos pasado por delante varias veces durante el día, la dejamos para el final y empezamos viendo el Edificio de Secesión, la Akademie der bildenden Künste, el Monumento a Schiller y el de Goethe y la calle Mariahilfer Strasse, una calle peatonal y moderna llena de tiendas.

Edificio de Secesión. Viaje a Viena.

Fuimos caminando hasta la casa Majolika, construida por Otto Wagner. Es un ejemplo de arquitectura Jugendstil decorada con azulejos llenos de motivos florales, aunque a nosotros nos gustó más la casa Wagner Haus. Está súper cerca de Majolika y del Theater an der Wien, es también de estilo Jungenstil y está construida por el mismo arquitecto.

Por último, recorrimos el mercado Naschmarkt. Es el más grande de la ciudad, tiene cientos de puestos, y los fines de semana además de las habituales tiendas de verduras, carne, pescado, etc. se pueden encontrar también antigüedades, ropa de segunda mano… A nosotros nos pareció que el mercado estaba plagado de puestos de comida árabe y con poco de lo que describía la Lonely… No nos gustó tanto como pintaba la guía…

Naschmarkt. Viaje a Viena.

Llegaba la hora de merendar y de volver a entrar en calor. Llámalo merendar, comer… ¡Lo que quieras! Porque cuando vamos de viaje, perdemos un poco la noción del tiempo y hacemos vida anárquica 100%.

Hicimos parada en Café Museum para probar la Esterhazytorte, una tarta de azúcar glacé blanca y negra con capas esponjosas rellenas de crema de almendras, acompañada de una taza de Schokolaccio.

Consejo: Hay doscientas mil tartas y veinte mil cafés por probar… En cada cafetería pide algo diferente, ¡así podrás tener un panorama más amplio del tan famoso mundo tartil vienés!

Esterhazytorte. Viaje a Viena.

Con el estómago contento, nos dirigimos hacia la Ópera. Queríamos comprar entradas y disfrutar por primera vez de un espectáculo como este.

La Ópera de Viena se inauguró en 1869 con Don Giovanni, de Mozart. Resulta que al emperador Francisco José no le gustó el edificio calificándolo de “estación de tren”, lo que provocó el suicidio de Van der Nüll, uno de los arquitectos.

Ópera. Viaje a Viena.

Si sientes curiosidad y aguante, hay entradas para ver la Ópera de pie por 3€  y 4€. A nosotros nos pareció una opción excelente ya que nunca habíamos visto una y no sabíamos si nos iba a gustar…

Consejo: ¿Qué hacer si quieres comprar una entrada por 3€? El mismo día del espectáculo tienes que ir 2 horas antes de la función a la taquilla donde indica “solo entradas de pie”. La taquilla, en cuestión, abre como una hora antes, pero si quieres conseguir entrada has de llegar con tiempo porque una vez se terminan, no puedes probar suerte hasta el día siguiente. ¡Muy importante! Si, por ejemplo, vais 2 o más personas, no puede guardar uno solo la cola y luego comprar entradas para el resto. Cada individuo guarda la cola sola y exclusivamente por sí mismo y hay empleados de la Ópera vigilando. Si uno de tu grupo decide irse a comer un bocadillo fuera, luego no podrá unirse a vosotros y tendrá que colocarse, de nuevo, al final de la fila.

Recomendamos ir a ver la Ópera por ese precio por dos motivos: uno porque así puedes visitar el interior del edificio a tus anchas y sin pagar entrada. El segundo es porque es un precio irrisorio para descubrir si te gusta o no ese espectáculo y género musical. Ten en cuenta que aunque la entrada sea “de pie” puedes apoyar el culete en una barra algo mullida, por lo que las 2 horas de pie no son tan tortura como pudiera parecer.

Después de ver “L’elixir d’amore” de Gaetano Donizetti y sorprendernos al saber que la ópera nos ha gustado mucho más de lo que esperábamos, dimos un paseo para ver el ayuntamiento de noche y ver si el mercadillo navideño seguía en pie. A eso de las 10:30-11 de la noche ya estaba cerrado, pero no nos importó porque merecía la pena volver a ver el Ayuntamiento iluminado.

Ayuntamiento. Viaje a Viena.

Hundertwasserhaus y centro de Viena

Al día siguiente, nos acercamos a primera hora hasta la casa Hundertwasserhaus. Su creador, Friedensreich Hundertwasser, quería mostrar con estas coloridas y originales viviendas municipales que lo práctico también puede ser bonito. Actualmente las casas siguen siendo viviendas particulares.

Hundertwasserhaus. Viaje a Viena.

Hundertwasserhaus. Viaje a Viena.

Hundertwasserhaus. Viaje a Viena

Hundertwasserhaus. Viaje a Viena.

De vuelta al centro de Viena, fuimos directos a ver Anker Uhr, ¡iban a dar las 12:00 y teníamos que llegar como fuera! Este famoso reloj de una compañía de seguros muestra cada hora una pareja de figuras pertenecientes a la historia de Viena, y a las 12:00 todas las parejas desfilan cruzando el puente.

Anker Uhr. Viaje a Viena.

Más tarde conocimos la catedral gótica de San Esteban, recorrimos las calles de alrededor descubriendo la iglesia de San Ruperto, la más antigua de la ciudad, el Burgtheater, el edificio de la Caja Postal de Ahorros (a mí personalmente me pareció feísimo, solo comentar que los vienenses lo llaman “la caja de clavos”) y llegamos hasta el Hofburg, el antiguo palacio imperial donde vivieron más de 600 años los Habsburgo.

Palacio Hofburg. Viaje a Viena.

Comenzamos visitando uno de los muchos edificios que conforman el Hofburg: el de la Biblioteca Nacional. Para nosotros, éste es de obligada visita.

Biblioteca Nacional. Palacio Hofburg. Viaje a Viena.

Biblioteca Nacional. Palacio Hofburg. Viaje a Viena.

Biblioteca Nacional. Palacio Hofburg. Viaje a Viena.

Tras la Biblioteca, fuimos a cotillear cómo eran los aposentos imperiales de María Teresa, Francisco José y, por supuesto, de la muy querida Sísí Emperatriz.

A la salida, caminando entre calles, topamos con el famoso Café Central. Una vez sentados, nos decantamos por la tradicional Wiener Apfelstrudel o lo que es lo mismo, tarta de manzana acompañada por un café Salon Einspänner. Pero teníamos tanta hambre (era la hora de la merienda y ni siquiera habíamos comido), que tiramos la casa por la ventana  y decidimos pedir otro trozo de tarta: un Kaiserschmarrn mit Zwetschkenröster.

Consejo: Para que puedas hacerte una idea de los precios en los Cafés vieneses, un cortado cuesta a partir de los 3€ y un trozo de tarta a partir de 5€.

A decir verdad, elegimos el Kaiserschmarrn mit Zwetschkenröster porque era el favorito del emperador Francisco José y como acabábamos de estar en sus aposentos, pues nos pareció graciosa la idea. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando de repente, traen una bandeja gigantesca de consistentes crepes y una salsera con puré de ciruelas!

Imaginaos la montaña que nos pusieron delante que estallamos en carcajadas tan sonoras que todas las mesas de alrededor se quedaron mirándonos. Un grupo de cinco señoras españolas nos preguntó que cómo se pedía ese plato, pero claro, pidieron una bandeja para cinco y nosotros éramos dos y teníamos a mayores el trozo de tarta de manzana. Tal fue el escándalo que, dos horas más tarde, caminando por el centro otra pareja española nos paró en unas galerías ¡y nos preguntó que si éramos los del dulce gigante! Eso sí, lo pasamos genial porque ante el reto de comer una fuente de consistentes crepes, las risas están aseguradas.

Tarta de manzana. Viaje a Viena

Kaiserschmarrn mit Zwetschkenröster. Viaje a Viena.

Véase una imagen de Diego al principio de la sobredosis de azúcar.

Kaiserschmarrn mit Zwetschkenröster. Viaje a Viena.

El Kaiserschmarrn mit Zwetschkenröster nos había valido como comida, merienda y cena, así que para bajarlo un pelín dimos una vuelta por la zona centro y aprovechamos para verlo de noche. Luego cogimos el metro para montar en la noria más famosa de Viena: Wiener Riesenrad.

Está en el parque del Prater, el antiguo coto de caza imperial, tiene 100 años de antigüedad y desde ella se contempla toda la ciudad. Nosotros fuimos de noche con la suerte de poder disfrutar del vagón a solas. El viaje son 9€/persona.

Weiner Riesenrad. Prater. Viaje a Viena.

Weiner Riesenrad. Prater. Viaje a Viena.

Weiner Riesenrad. Prater. Viaje a Viena.

Weiner Riesenrad. Prater. Viaje a Viena.

Palacio de Schönbrunn

Un nuevo día en Viena que comenzaba en la residencia de verano de los Habsburgo: el palacio de Schönbrunn.

Palacio de Schönbrunn. Viaje a Viena

Cabe destacar la Gran Galería y la Sala de los Espejos donde Mozart ofreció a los 6 añitos su primer concierto a los Habsburgo.

Visto el palacio por dentro, dimos un largo paseo por sus jardines. En diciembre no eran especialmente bonitos, entre otras cosas porque las fuentes estaban congeladas… aun así, no están mal.

Palacio de Schönbrunn. Viaje a Viena.

Schottenring y Alsergrund

En los barrios de Schottenring y Alsergrund está la universidad de Viena, donde estudiaron ocho ganadores del premio Nobel, el apartamento y ahora museo del famoso psicoanalista Sigmund Freud, numerosas instituciones y edificios hospitalarios, la escalinata Strudlhofstiege de estilo Jugendstil escenario de una novela que lleva su nombre, el palacio de Liechtenstein que vimos por fuera, la Casa del Cangrejo Rojo donde pasó sus primeros años el compositor Schubert, la encantadora iglesia Servitenkirche y la iglesia más famosa después de la catedral, la iglesia Votiva. Estaban restaurándola por fuera y, como verás en la imagen, un Clooney gigante nos saludaba desde la distancia.

Iglesia Votiva. Viaje a Viena.

Iglesia Votiva. Viaje a Viena

Grinzing

Tras recorrer estos dos barrios, bien nos merecíamos una excursión a Grinzing, un pueblecito vinatero situado a las afueras de la ciudad. Ya me había comentado gente de confianza (mi madre) que no me podía ir sin pisar una Heurigen, dícese de las tabernas que sirven vino de fabricación propia.

Consejo: Os recomendamos ir entre las 7 de la tarde y las 10 de la noche para encontrar ambiente.

Heurigen. Grinzing. Viaje a Viena

En Grinzing hay multitud de Heurigen, nosotros nos decantamos por “Alter Bach-Hengl” porque tenía música vienesa en directo y por dentro nos pareció muy auténtica. No te sabríamos decir si elegimos bien o no porque solo fuimos a esta taberna y no tenemos con qué comparar, pero la verdad es que lo pasamos genial.

Bebimos cerveza austriaca y vino blanco de producción propia y para pedir los platos, nos dejamos aconsejar por la camarera. Comimos el famoso Wiener Schnitzel, un escalope de ternera o cerdo empanado y servido con patatas y ensalada, y el “plato del chef” (lo sé, nos la jugamos), combinaba un poco de todo: cerdo, salchichas y chucrut. ¿De postre? Un trozo de tarta de queso con salsa de vainilla que, a Diego le encantó y a mí no me gustó nada.

Heurigen. Grinzing. Viaje a Viena

Heurigen. Grinzing. Viaje a Viena

Heurigen. Grinzing. Viaje a Viena

La última mañana en la capital austriaca la disfrutamos viendo la ciudad desde el tranvía 1. Recorre los enclaves principales de Viena.

Tranvía 1. Viaje a Viena

Dimos un paseo por los alrededores del Hofburg y decidimos degustar los últimos trozos de tarta del viaje. La verdad es que teníamos ya el azúcar por las nubes pero… ¡había que despedirse como señores!

Acabamos en Café Landtmann, donde solía ir Sigmund Freud. Está frente al mercadillo navideño del Ayuntamiento, mi favorito. Pedimos un trozo de Gulphupf, el bizcocho que comía Francisco José cada vez que visitaba a su amante, la actriz Katharina Schratt; y una Maroni Blüte que, no es de los famosetes pero se me antojó porque me pareció muy bonito. Resultó ser muy empalagoso…

Gulphupf. Viaje a Viena

Maroni Blüte. Viaje a Viena

Cuando acabamos, dimos una vuelta por el mercadillo para comprar de recuerdo una figurita que poner en el árbol de Navidad. Y a mayores me llevé un regalito… ¡unas manoplas chulísimas que bien me hubieran venido los días anteriores!

Cerramos nuestro viaje comiendo la última Frankfurter vienesa y pensando que viajar, aunque sea con siete grados bajo cero, siempre merece la pena. Y más, si vamos juntos.

Viaje a Viena en diciembre

Hoja de ruta:
1. Madrid – Viena
2. Viena: Desde Karlskirche al Belvedere
3. Viena: Zona del Ayuntamiento y MuseumsQuartier + Zona de la Ópera y Naschmarkt
4. Viena: Hundertwasserhaus y centro + Prater
5. Viena: Palacio de Schönbrunn + Schottenring y Alsergrund + Grinzing
6. Viena – Madrid